11,3 billones de riqueza que no llegan al bolsillo
¿Se puede ser más rico y no notarlo? Según las últimas estimaciones, sí. El patrimonio de las familias españolas alcanza los 11,3 billones de euros, el doble que hace una década. El ahorro acumulado, la revalorización del ladrillo y el comportamiento de los mercados financieros han hecho el milagro contable. La caída del endeudamiento, de paso, ha dejado el balance familiar más limpio. Al cierre del año, la cifra podría rondar los 12 billones.
La paradoja es evidente: en la calle no hay rastro de esa opulencia. Tener un techo donde caerse muerto, dicen algunos, no es riqueza, es supervivencia. Y los jóvenes, desde luego, no aparecen en el reparto. El espejismo del ladrillo tiene miga: quien se siente millonario por un piso revalorizado olvida que, si todos vendieran en manada, los precios se desploman. La plusvalía es humo mientras no se liquida.
También está el argumento monetario: la riqueza real sería la misma, solo que con cromos devaluados circulando. Pero no todo es escepticismo: hay quien recuerda que los abuelos criaban media docena de hijos con un sueldo único; el nivel de vida histórico ha mejorado, aunque la distribución sea otra cosa.
Ante el dato, el reflejo fiscal aparece solo: «si somos tan ricos, toca pagar». Con estas cifras, tal vez solo falte poner precio a nuestros órganos para sentirse verdaderamente millonarios. A ojo, el corazón vale un millón. Rico sobre el papel, viviendo de alquiler.