La expulsión de Ortega Smith: la purga que parte Vox en dos
Vox ha perdido 20 escaños en las últimas elecciones generales y, en lugar de mirar hacia fuera, la dirección ha decidido mirar hacia dentro. La expulsión de Javier Ortega Smith, cofundador y secretario general, no es un incidente aislado: es el capítulo más reciente de una sangría de bajas que comenzó en 2020 con el juez Francisco Serrano y que ha ido devorando a figuras clave del partido. Lo que la narrativa oficial vende como “depuración de elementos díscolos” es, en realidad, una lucha sorda por el control ideológico y estratégico de la formación.
Las purgas en Vox: un patrón que se repite
Desde que Vox irrumpió con fuerza en 2019, el partido ha experimentado una constante fuga de cuadros. La lista es larga: Francisco Serrano (Andalucía, 2020), Iván Espinosa de los Monteros (2022), Rocío Monasterio (2023), y ahora Ortega Smith. En todos los casos, el argumento oficial ha sido el mismo: “deslealtad” o “falta de disciplina”. Pero los hechos concretos que se mencionan apuntan a algo más profundo. Ortega Smith fue sancionado por asistir a un desfile militar junto a Espinosa de los Monteros, en contra de las instrucciones expresas de la dirección nacional. Un acto que, según la versión dominante, “hacía el juego al PP y al sistema del 78”.
La purga no es ideológica, o al menos no solo: es una cuestión de poder. Santiago Abascal ha ido eliminando a cualquier figura que pudiera hacerle sombra o que tuviera “notoriedad” propia, como se ha dicho del líder murciano Antelo. El resultado es un partido cada vez más jerárquico, donde la lealtad al líder es el único valor que se premia.
El paralelismo con Podemos: ¿un patrón de los partidos antisistema?
Varios análisis han señalado el parecido con la evolución de Podemos. El partido sarracena también empezó expulsando a sus críticos internos (los “errejonistas”) y fue concentrando el poder en un núcleo duro en torno a Pablo Iglesias. El resultado fue una sangría de votos y una pérdida de identidad. En Vox, la dinámica es calcada: se expulsa a los que representan distintas almas del partido —el falangismo de Ortega, el liberalismo de Espinosa, el nacionalcatolicismo de Serrano— y se queda una “marca blanca” del PP, según la crítica más ácida. El dato de los 20 escaños perdidos es la prueba numérica de que la estrategia de centralización no está funcionando.
¿Y ahora qué? El futuro de Ortega Smith y de Vox
Ortega Smith no es un político sin recursos. Cofundador del partido, con base en círculos militares y patrióticos, ya mueve fichas para articular una nueva fuerza política. Aunque no lo ha anunciado formalmente, se especula con que podría presentar una candidatura independiente a la Alcaldía de Madrid, o esperar a 2027 para lanzar una alternativa cuando el desgaste del PP y Vox sea evidente. Por su parte, Vox sigue subiendo en intención de voto en algunas encuestas, pero a costa de vaciarse de contenido: el partido que prometía acabar con la “casta” se parece cada vez más a ella.
La pregunta que queda en el aire es si una formación que se basa en el culto al líder puede sobrevivir cuando el líder se queda solo. El ejemplo de Podemos invita al escepticismo. El tiempo dirá si Vox sigue el mismo camino o si las purgas eran, en realidad, el principio del fin.