Expresión MÁXIMA de la gilipilEZ

Expresión MÁXIMA de la gilipilEZ
RESUMEN

La cola de hasta tres horas en la Plaza Nueva de Sevilla para fotografiarse con la Copa del Mundo no fue una anomalía: fue el precio en tiempo de un bien gratuito y escaso. Detrás de las burlas hay una economía de la atención, el orgullo local y el gasto que arrastra una celebración deportiva.

La foto que costó tres horas

El Ayuntamiento de Sevilla mantuvo sus puertas abiertas hasta las 21:00 para que los aficionados pudieran fotografiarse con la Copa del Mundo. La estampa se repitió desde primera hora en la Plaza Nueva: familias con niños, grupos de adolescentes y seguidores con camisetas rojas. Las esperas matinales oscilaron entre 30 y 60 minutos, un peaje razonable para quien iba con la ilusión por delante. Por la tarde, la fila se estiró hasta las tres horas y el río humano alcanzó la calle Alemanes. Luego avanzó hacia la Avenida de la Constitución.

No hubo entradas, ni reservas, ni pases VIP. El acceso era gratuito. Justo por eso la cola se convirtió en el único mecanismo de reparto. Cuando algo no tiene precio de mercado, el tiempo aparece como moneda. Tres horas de pie bajo el calor húmedo de un arranque de otoño en Sevilla no se le cobran a nadie en euros, pero se pagan en paciencia, en horas de sueño y en esa parte del día que no vuelve. La foto, al final, es el recibo.

El detonante fue la victoria de la Selección Española frente a Croacia por 4-1 en la Liga de las Naciones. Sevilla había sido sede del partido, en el Ramón Sánchez-Pizjuán, y la ciudad amaneció con resaca emocional. La Copa del Mundo expuesta funcionó como imán. También apareció la Centuria Macarena para tocar el himno de España. El cóctel estaba servido: deporte, identidad local y una oportunidad que, como repetían en la fila, no sabían cuándo se volvería a repetir.

El precio invisible de una cola gratuita

Una cola de tres horas es un fenómeno económico de manual. Hay demanda altísima, oferta limitada en el tiempo y un precio político igual a cero. El resultado es una asignación por orden de llegada. Quien madruga, quien aguanta, quien tiene menos prisa o más aguante se lleva la foto. No es justo ni injusto en términos de mercado: es simplemente el reparto que surge cuando se decide no cobrar. La alternativa sería un sorteo, una reserva con hora o una subasta. Ninguna de las tres encaja bien con una celebración popular.

El coste real no lo paga el Ayuntamiento. Lo pagan las personas que esperan. Si alguien estuvo tres horas en la cola, invirtió 180 minutos de su vida. Multiplíquese por los cientos o miles de asistentes que pasaron por allí y el resultado es una montaña de tiempo que no aparece en ninguna estadística oficial. Los economistas llaman a eso coste de oportunidad: lo que se deja de hacer por estar en otro sitio. Aquí, lo que se dejó de hacer fue trabajar, estudiar, descansar o simplemente no estar de pie bajo el sol.

La gratuidad también tiene una cara amable. Un espacio público, abierto a cualquiera, sin distinción de renta. Un niño con una camiseta de dos estrellas y un ejecutivo con camisa de lino hacían la misma fila. Esa mezcla es difícil de conseguir con entradas de pago. La cola, con su incomodidad, iguala por abajo. Y en una época en la que casi todo se reserva con antelación y tarjeta, la experiencia de esperar por algo sin pagar entrada tiene un punto de antiguo ritual colectivo.

Turismo, bares y reputación de ciudad

Sevilla no es solo anfitriona de un partido. Es una marca. La ciudad vive del turismo, del comercio y de la hostelería. Una jornada así mueve terrazas, bares, tiendas de souvenirs y taxis. No hay una cifra oficial en el relato de la jornada, pero el patrón se repite cada vez que un evento deportivo lleva gente al centro. Los croatas que se quedaron tras la derrota, menos eufóricos, seguían paseando y consumiendo. La cola de aficionados locales se cruzaba con su turismo de última hora. Dos ritmos, una misma plaza.

La reputación también cuenta. Una ciudad que sabe celebrar, que llena sus calles sin incidentes graves, gana puntos para futuros eventos. El Ayuntamiento de Sevilla amplió el horario hasta las 21:00 y eso se lee como gesto de hospitalidad. La imagen que queda no es la de una administración cerrando puertas, sino la de un edificio público convertido en escenario. Eso tiene valor electoral y valor comercial. Las ciudades compiten por atención y Sevilla sabe jugar esa liga.

El lado incómodo llega cuando la celebración se convierte en espectáculo de masas y alguien decide que eso es una muestra de estupidez. Las burlas hacia las colas y hacia el entusiasmo local son un género viejo. También son una forma de mirar por encima del hombro a quien se emociona con lo colectivo. La economía no mide ese desdén, pero la sociología sí: cada vez que una ciudad se vuelca, aparece una minoría dispuesta a recordarle que debería estar avergonzada. El problema no es la cola. El problema es creer que la única forma inteligente de vivir el tiempo libre es no mover un músculo.

Lo que queda cuando se apaga el foco

Al final del día, la Copa del Mundo se fue, las vallas se recogieron y la Plaza Nueva recuperó su ruido de obras. Quedan las fotos en los móviles. Quedan los bares que facturaron más de lo habitual. Queda un Ayuntamiento que durante unas horas fue más que una oficina. Y queda la discusión sobre si tres horas de espera son una locura o una inversión emocional. La respuesta depende de cuánto valga para cada uno el recuerdo. No hay una cifra única.

Lo que sí se puede medir es el tiempo. 180 minutos por persona en el tramo más largo. Una mañana con esperas de 30 a 60 minutos. Un horario de cierre a las 21:00. Un partido que terminó 4-1. Son datos pequeños, pero dibujan una jornada en la que una ciudad decidió que la foto valía la pena. Habrá quien lo vea como una expresión máxima de irracionalidad. Habrá quien lo vea como una fiesta. En ambos casos, alguien se pasó tres horas de pie esperando lo mismo: estar allí.

Datos clave
  • Espera de hasta tres horas en la Plaza Nueva de Sevilla para fotografiarse con la Copa del Mundo.
  • Por la mañana, la cola osciló entre 30 y 60 minutos; por la tarde llegó a tres horas.
  • El Ayuntamiento de Sevilla mantuvo las puertas abiertas hasta las 21:00.
  • La Selección Española ganó a Croacia 4-1 en la Liga de las Naciones.
  • La Centuria Macarena interpretó el himno de España.
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