El asalto a Ceuta destapa el fraude de la contención migratoria
La frontera de Ceuta no se ha caído: se ha alquilado. La UE lleva una década pagando facturas millonarias a Marruecos para que ejerza de portero de Europa, y el asalto de los últimos días ha demostrado que el dinero no compra contención, solo alquila un servicio que se puede suspender cuando el proveedor lo decide. La tesis de una venganza de EEUU o Israel contra Pedro Sánchez se queda corta: quien cobra la factura es Bruselas, y Marruecos acaba de demostrar quién controla el grifo.
¿Qué se compra exactamente con el dinero europeo?
El modelo se llama externalización migratoria: pagar a terceros países para que retengan a los migrantes antes de que lleguen a territorio comunitario. España, con su reciente oferta de amnistía y sus vaivenes judiciales, ha enviado la señal de que la frontera es un colador, según se argumenta en los análisis que circulan. Pero el coladero no es un invento de Sánchez: forma parte del sistema de pagos. Hay quien interpreta que cada llegada a la valla resta fondos del acuerdo, como una penalización automática que, paradójicamente, termina financiando al país que incumple.
El asalto como mensaje político
La lectura de la venganza israelí o estadounidense no se sostiene, al menos no como explicación completa. Washington y Tel Aviv tienen influencia sobre Marruecos, pero el dinero de la contención viene de Bruselas, y Marruecos ha hecho lo que ha hecho con la factura ya cobrada. La pregunta incómoda es si Europa dejará de pagar por un servicio que acaba de demostrar que no presta. Todos los indicios apuntan a que no: se prefiere cargar el muerto al presidente español antes que incomodar al país que tiene las llaves de la puerta.
El negocio de la frontera
El dinero fluye hacia quien acaba de abrir la frontera, y el contribuyente aguanta la factura. El asalto a Ceuta no es solo una crisis migratoria: es una lección de cómo se fabrica un negocio con el control de una frontera. Mientras tanto, la próxima entrega del acuerdo sigue en el presupuesto. Y si alguien esperaba un cambio de rumbo, mejor que no contenga la respiración: el mecanismo lleva diez años funcionando exactamente igual.