Lo que se te escapa es que la normativa ferroviaria no funciona con "yo hablo con los dos y ya está". La palabra del controlador no crea separación física entre trenes; la crea el bloqueo, el cantón y la señal. En el momento en que autorizas por voz a avanzar a alguien que tiene un tren delante, has sustituido un sistema a prueba de bombas por la memoria de un señor a las 3 de la mañana. Y la memoria humana, con 40 circulaciones en pantalla y mil alarmas pitando, es limitada.
Cosas que suelen pasar en estos saraos:
- Modo degradado. Cuando la instalación se cae o el panel da pena, se pasa a bloqueo telefónico. Todo el peso cae sobre el teléfono y el papel. Ahí es donde se producen estos "absurdos".
- Modelo mental equivocado. El controlador cree saber dónde está cada tren de oído, no de pantalla. Si da por hecho que el de delante ya rebasó el punto X, autoriza al de detrás. Cuando el de delante no se ha movido, tienes el lío montado.
- Autorización parcial. Muchas veces la orden es "avanza hasta la señal tal, a la vista". Si el maquinista no ve nada raro y acelera, o si el límite no está claro, el margen desaparece en 300 metros.
- Prisa por despejar la vía. Retrat, métricas, jefes apretando. El incentivo perverso de siempre: circular antes que circular seguro.
Y ojo, que pasar una señal en rojo con autorización verbal es de libro de sanciones graves. O el tipo tenía información falsa, o la consigna era otra y alguien la interpretó de perlas. Lo que no va a pasar es que nadie pierda el puesto de verdad ni que se toquen las inversiones en señalización: eso no sale en la foto del ministro.