Chino escrito: ¿el sistema más ortopédico del planeta?
Que el chino escrito es un suplicio para el extranjero no es novedad, pero el ejemplo de cómo se escribe «bitcoin» encierra toda la paradoja de un sistema que sigue vivo a pesar de sí mismo. Para «criptomoneda» se usa 加密货币 (añadir+secreto+mercancía+moneda), una construcción semántica razonable. En cambio, «bitcoin» se escribe 比特币, donde los dos primeros caracteres —比 (comparar) y 特 (especial)— se toman solo por su sonido en mandarín: «bi» y «te». El significado literal es «comparar especial moneda». Una chapuza que a más de uno le recuerda al «one car loss» para el rey emérito.
¿Quién decide cómo se escribe una palabra nueva?
A diferencia de la RAE, que suele registrar el uso popular, en China la estandarización lingüística depende del Comité de Trabajo sobre el Idioma y las Letras del Estado. No hay un ideograma nuevo para cada concepto: se reutilizan los existentes, combinando por significado o por fonética. A veces se logra un equilibrio, como en 互联网 (red intercomunicación) para Internet; otras, como bitcoin, el resultado es un Frankenstein fonético. La alternativa sería usar solo pinyin, pero el chino está plagado de homófonos: hay un poema clásico que solo usa la sílaba «shi» repetida, y es incomprensible en pinyin, pero al escribirse con caracteres se entiende perfectamente. Es el famoso «Shī Shì shí shī shǐ» (Historia de aquel que come leones de piedra).
La lógica interna: radicales y sus excepciones
Para un occidental, la escritura china tiene cierta lógica: los radicales indican la categoría semántica. Por ejemplo, el radical 氵 (agua) aparece en río, mar, lago, sudor, ola... Pero luego está «lluvia» (雨), que es un radical en sí mismo, no lleva el de agua. Y «manantial» (泉) tampoco lo lleva. Excepciones sin fin que obligan a memorizar a machamartillo. «Es un sistema totalmente irregular», se queja un analista, «con infinitas excepciones». No obstante, hay quien defiende que esa complejidad permite que un hablante de cantonés y uno de mandarín lean el mismo periódico y se entiendan.
¿Barrera de entrada o herramienta de unidad?
Antes de la simplificación de caracteres en los años 50 y la popularización del pinyin, el analfabetismo en China superaba el 85%. Hoy los jóvenes leen caracteres pero muchos han dejado de escribirlos a mano gracias al teclado predictivo. Sistemas como el coreano Hangul, creado en el siglo XV, demuestran que un alfabeto fonético puede ser más eficiente, pero China mantiene los ideogramas. Hay quien los ve como una barrera de entrada que preserva el poder de las élites; otros, como un puente cultural entre dialectos casi ininteligibles oralmente. El debate sobre si el chino escrito es un lastre o un activo estratégico sigue abierto.
El coste de aprender chino en la era global
Desde la economía, aprender chino supone una inversión de tiempo enorme: dominar al menos 3.000 caracteres para leer un periódico. Algunos argumentan que tiene poco sentido profesional, porque las empresas chinas prefieren contratar a chinos que hablen español antes que a españoles que chapurreen mandarín. Otros señalan que el país ha avanzado a pesar del idioma, no gracias a él. Pero la evidencia es tozuda: 1.400 millones de personas lo usan a diario, y mientras el dragón siga creciendo, los ideogramas no van a desaparecer. La pregunta es si el sistema se reformará hacia una mayor fonetización o seguirá siendo ese artefacto ortopédico que tanto fascina y desespera a partes iguales.