Volvía de un pueblo de 20.000 habitantes y esperaba al bus para volverme a mi capital de provincia.
Estación pole. La máquina de los tiquets no funcionaba y tenía la pantalla rota. La oficina cerrada y por dentro se veían cascotes. Debía llevar cerrada mucho tiempo y la gente debe ir con cash, o le han puesto tpv al autobús. Yo pagué cash.
A un lado había un grupo de personas hablando su idioma. En otro banco una señora mayor inmóvil. Gente dispersa. Chicas jóvenes, personas de distintos orígenes, un bar con terraza con todo tipo de personas. En una había un grupillo de cuarentones trasnochados con gorra que estaban hablando algo de hierba.
Era un lugar fuera del espacio y tiempo. Antes los lugares y momentos podían ser memorables, aunque fuera esperar en una estación de autobuses, pero aquello era un rincón perdido del universo que pasa y se olvida para siempre. La desconexión entre los personajes. La temperatura agradable que ya no oprime con el calor del verano y contribuye a crear una atmósfera ambigua.
Solo había un chico bien vestido, con camisa, jersey y zapatos, que anclaba aquello a un lugar real y con identidad. Me daba igual si iba a ver a su novia o a trabajar o lo que sea, pero agradecía su presencia.
Una sensación extraña que, por otra parte, también puede ser cómoda al borrarte y hacerte sentir no ser parte de ninguno de esos grupos.
Estación pole. La máquina de los tiquets no funcionaba y tenía la pantalla rota. La oficina cerrada y por dentro se veían cascotes. Debía llevar cerrada mucho tiempo y la gente debe ir con cash, o le han puesto tpv al autobús. Yo pagué cash.
A un lado había un grupo de personas hablando su idioma. En otro banco una señora mayor inmóvil. Gente dispersa. Chicas jóvenes, personas de distintos orígenes, un bar con terraza con todo tipo de personas. En una había un grupillo de cuarentones trasnochados con gorra que estaban hablando algo de hierba.
Era un lugar fuera del espacio y tiempo. Antes los lugares y momentos podían ser memorables, aunque fuera esperar en una estación de autobuses, pero aquello era un rincón perdido del universo que pasa y se olvida para siempre. La desconexión entre los personajes. La temperatura agradable que ya no oprime con el calor del verano y contribuye a crear una atmósfera ambigua.
Solo había un chico bien vestido, con camisa, jersey y zapatos, que anclaba aquello a un lugar real y con identidad. Me daba igual si iba a ver a su novia o a trabajar o lo que sea, pero agradecía su presencia.
Una sensación extraña que, por otra parte, también puede ser cómoda al borrarte y hacerte sentir no ser parte de ninguno de esos grupos.
