Yo es que nunca he creído en el peritaje caligráfico -en las huellas digitales sí- y pienso que una persona con un poco de práctica puede no sólo imitar la letra de otro sino escribir exactamente como el otro tipo y no hay perito capaz de distinguirlas.
Otro tanto me pasa con los programas de reconocimiento de voz.
Total que puede que las notas de Mena las estén escribiendo ahora mismo.
Yo le tengo en el ignore, una cosa es hacer de abogado del diablo y cuestionar la veracidad de la documentación de Royuela con argumentos, como he intentado hacer yo en el primer párrafo, y otra cosa son los insultos sin ton ni son que distraen la atención, ocupan espacio y luego no dicen nada.
Cuando veo que los rojillos, sin tener ni idea del asunto, se ponen a la contra de estos solo por el hecho de ser de derechas o falangistas, tengo la misma sensación que cuando nuestros extremistas atacan todo lo judío solo por el hecho de serlo.
Pues la verdad es la verdad la diga un falangista, la diga un judío o la diga el
@Porquero de Agamenón.
Estoy un poco desinformado y no sé si el general Sanz Roldán sigue de jefe de la CNI o si ese cargo ya no existe y se llama ahora Director de Seguridad Nacional y de él dependerán los espías del Ministerio de Asuntos Exteriores, los del Ministerio del Interior, los de Defensa, Justicia e incluso los de Obras Públicas.
Y es que con el Ábalos en ese ministerio no me iba a extrañar a mí nada que los de Fomento tuvieran algún departamento especializado y un buen número de espías en plantilla. Y con tanto espionaje industrial como hay, el que los del Ministerio de Industria tengan un cuerpo de contraespionaje altamente especializado no lo pongo en duda.
Total que bandas de estas como la que tenía el Mena debe de haber unas cuántas campeando por ahí, en el seno de nuestra administración, y que pasan desapercibidas por culpa del elefantiásico tamaño de esta.
El que los espías jueguen a dos o tres barajas, rindan cuentas en más de un ministerio y sirvan a tres o cuatro banderas debe de ser un deje que da el oficio. Pero el espiar más de puertas para adentro que de puertas para afuera es cosa nuestra, genuina de este Bendito País de Porteras.
¡ARRIBA ESPAÑA!