El expediente nº22 (pág 241 y siguientes) menciona a Hiroshi Kobayashi, encargado de Monzer Al-Kassar. Relación de los más de 800 asesinatos del fiscal Mena Álvarez – Corrupción en la Fiscalía de Cataluña Me ha costado encontrarlo, pero al parecer era un flautista. (adjunto visible para usuarios registrados) En la siguiente página se menciona un concierto homenaje y cita la gloria: Concert en memòria de Hiroshi Kobayashi | La web sense nom En la nota, Mena afirma que este tipo molestaba mucho a Monzer. ¿Cómo puede molestarle un flautista a un traficante de armas? (adjunto visible para usuarios registrados)
Articulo del Pais sobre Al Kassar en el que se nombra su colaboración con el gobierno del PSOE y a Mariando Fdez. Bermejo que fue entrevistado y dijo "no recordar nada del caso". Curioso.
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(imagen visible para usuarios registrados)Agosto de
1985: Monzer Al Kassar posa en el jardín de su mansión marbellí. A su lado está su esposa, Rajhola, con una hija de la pareja, Momwar, de dos años y medio. El otro descendiente, Haifa, de año y medio, está con una de las personas del servicio de los Al Kassar. Tras ellos, parte de las 35 personas de servicio que trabajaban para ellos en su casa de Marbella. Foto: Getty
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La Marbella de los ochenta era una ciudad de excesos y despendole. De
jet-set, políticos aupados al papel cuché por los primeros años de la democracia y, también, de personajes más turbios. Todos, más o menos mezclados, disfrutando de aquellos años locos. David López Canales (Madrid, 1980), periodista español de investigación, dedica a uno de ellos su libro
El traficante (La Esfera de los Libros), de reciente aparición. El protagonista de su trabajo es
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(Siria, 1945), un hombre que dedicó su vida al tráfico de armas, disfrutó durante más de 20 años de los lujos marbellíes y acabó convirtiéndose en pieza de caza mayor para la DEA (la agencia estadounidense contra las drojas), que lo detuvo en Madrid en 2007 gracias a la colaboración del Gobierno de España. A Al Kassar se le atribuyen
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durante aquellos años.
(mensaje citado en revisión)
DAVID LÓPEZ CANALES, AUTOR DE 'EL TRAFICANTE'
Al Kassar fue juzgado en EE UU y condenado a 30 años de prisión, pena que cumple actualmente peregrinando de prisión de alta seguridad en prisión de alta seguridad. López Canales, que ya mostró su pericia atraerse la confianza de conocidos presos del sistema yanqui cuando llegó hasta
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para entrevistarlo para la revista
Vanity Fair, ha seguido al sirio en todo este periplo durante cinco largos años de entrevistas a través de mensajes cruzados, ganándose poco a poco su confianza.
Ha sido un proceso complicado y con unas cuantas carambolas. “Llegué a Al Kassar”, explica el autor del libro, “tras una larga entrevista que hice
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cuando salió de la cárcel. Al Kassar había sido amigo suyo, pero el sirio terminó tendiéndole una trampa. Aquel dato era ya fascinante, daba por sí solo para una película. Y ahí decidí que quería saber más sobre el sirio. Le envié una carta a la cárcel y hemos estado cinco años en comunicación”.
López Canales describe en su libro a Al Kassar, sospechoso, entre otros crímenes, de suministrar armas a terroristas como Abu Abbas (dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y cerebro
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como un traficante orgulloso y soberbio, un millonario en Marbella con mansión renacentista y aires de grandeza que durante años se creyó intocable.
Tanto es así, que, conocido como el Príncipe de Marbella, hasta tuvo sus escarceos con la prensa del corazón. En agosto de 1985, incluso llegó a recibir a la revista francesa
Paris Match en Mifadil, su palacete de aire colonial en la lujosísima urbanización Atalaya del Río Verde, para hacer un reportaje acompañado de su mujer e descendientes. Detrás, en una de las fotos tomadas en el jardín, forman una decena de empleados del servicio. “Al Kassar llegó a Marbella a finales de los setenta, de vacaciones, cuando empezaba a emerger esa ciudad de la
jet y de la opacidad, y se enamoró del lugar. Empezó a invertir allí y acabó convirtiéndola en su hogar”, explica el autor de
El traficante.
(imagen visible para usuarios registrados)Monzer Al Kassar en una imagen de 2011 tomada en la cárcel de Terre Haute, en Indiana, donde estuvo hasta 2016. El gobierno estadounidense le traslada de cárcel cada cierto tiempo.
Entonces poco importaba a qué se dedicaran los nuevos vecinos, siempre y cuando trajeran dinero fresco y en ingentes cantidades. “Allí se juntaban
gunilas, aristócratas y grandes incivil. Compartían veladas de derroche, de champán y bandejas de alabastro con rayas de sustancia ilegal. Esos grandes incivil, de alguna manera, también ayudaron a construir aquella Marbella que hoy solo sobrevive en las hemerotecas. El mejor ejemplo, más aún que Al Kassar, era
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el mayor traficante de su tiempo, famoso por las fiestas que daba y a las que todos en aquella Marbella querían ser invitados”, recuerda el periodista. Al Kassar vivía en su palacete marbellí con su mujer, Rajhola, sus dos descendientes y hasta 35 asistentes que se ocupaban de cosas de la casa. Hoy, Rajhola sigue viviendo en Marbella, en otra vivienda y lleva una vida discreta.
El libro cuenta con el testimonio en primera persona de Monzer Al Kassar, pero también con otras personas importantes en su vida, desde miembros de la DEA que participaron en la trampa que derivó en su captura, hasta personalidades de la política española de aquella época,
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quien estuviera a cargo de la seguridad del Estado entre 1984 y 1994 durante los Gobiernos socialistas de Felipe González. En aquellos años, el sirio asegura que fue una pieza clave en algunas operaciones tanto en misiones en el extranjero, desde Líbano a Somalia, compartiendo información, como en la compra de armamento para el Irak de Sadam Husein. “Esta es la gran paradoja del personaje. Su doble, triple o hasta cuádruple cara… Un reconocido traficante de armas que prestaba sus servicios a la policía”, señala el autor de la investigación.
Ha pasado de vivir en una mansión renacentista, con una docena de habitaciones, piscina con forma de trébol de la suerte y un cocinero libanés, a una celda con retrete y un catre de hormigón
La DEA, que tenía conocimiento de esta colaboración, intentó que Al Kassar trabajara también para ellos. Pero este, asegura, se negó. Y eso es lo que desencadenó el plan que, el 7 de junio de 2007, acabó con su vida de lujos y chanchullos al más alto nivel. Una trampa en la que la DEA contó con confidentes e infiltrados y que se desarrolló a espaldas del Gobierno español. “La misión secreta de la DEA fue, de alguna manera, un montaje tan turbio como el propio Al Kassar, o incluso más”, apunta López Canales. “Es un ejemplo perfecto y escandaloso de cómo funciona la diplomacia estadounidense. Presionaron durante meses al Gobierno español para que le entregaran a Al Kassar. Y lo terminaron haciendo, sin lograr nada a cambio. Hoy, políticos de entonces, como los exministros Miguel Ángel Sarracena o
Mariano Fernández Bermejo, dicen no recordar nada del caso. Yo haría una inspección de Sanidad en el Congreso de los Fruta para ver a qué se debe esta pérdida de memoria colectiva”, ironiza el periodista.
Tras su detención en el aeropuerto de Barajas, Al Kassar fue juzgado en EE UU y condenado a 30 años de cárcel por violencia extremista. Ha pasado por cuatro prisiones de alta seguridad y, asegura, ha sufrido diversas torturas a lo largo de esta última década a la sombra. Desde la prisión de Marion, en Illinois, sigue litigando para intentar salir, pero ya ha perdido toda esperanza. Y también 30 kilos de peso, lamenta. “Como él dice, es 'un perecid viviente'. Ha pasado de vivir en una mansión de estilo colonial, con una docena de habitaciones, piscina con forma de trébol de la suerte y un cocinero libanés, a una celda con retrete y un catre de hormigón. Y a comprar comino y otras especias en el supermercado de la cárcel para que el rancho le sepa a árabe y a esa vida perdida”, remacha el autor de
El traficante.