Tres incendios simultáneos arrasan el centro peninsular: ¿fallo de gestión o destino?
¿Qué probabilidad hay de que tres grandes incendios forestales estallen el mismo día en tres comunidades autónomas vecinas? Los hechos: un fuego en la reserva forestal de Ávila, otro que amenaza El Escorial en Madrid, y un tercero al sur de la Comunidad de Madrid, todos activos simultáneamente con temperaturas que rozan los 40 °C y viento sur. La imagen de tres columnas de humo visibles desde satélite ha desatado una tormenta política.
Medios insuficientes y legislación cuestionada
El primer frente de crítica señala la falta de recursos. Circularon datos sobre el 50% de los aviones apagafuegos dependientes del ministerio fuera de servicio. A esto se suma la ley de montes de 2015, que según algunos análisis ha endurecido tanto las restricciones que impide el desbroce preventivo. La maleza acumulada actúa como combustible perfecto. La paradoja se completa: se califica de «zona verde» un monte que arde con facilidad porque nadie lo limpia.
Batalla política sin tregua
Las comunidades afectadas son dos gobernadas por el PP (Castilla y León y Madrid) y una por el PSOE (Castilla-La Mancha). Cada bando busca culpable: unos echan la culpa a la gestión autonómica, otros al abandono del Gobierno central. Las referencias a «fuególogos», «observatorios» y «comités de expertos» se repiten con ironía mientras las llamas avanzan. La UME, preguntan algunos, sigue esperando instrucciones.
El dato que incomoda: el 95% son intencionados
Entre el ruido político emerge un número que nadie discute: el 95% de los incendios forestales en España son provocados. La discusión se desplaza entonces a por qué no se persigue a los pirómanos con eficacia, o por qué la prevención se limita a anunciar pactos climáticos que nadie ejecuta. La pregunta sobrevuela: si se sabe que nueve de cada diez fuegos los enciende una mano humana, ¿dónde está la estrategia que los frene?
Un cierre sin esperanza
Mientras los termómetros marcan 38-40 °C y el viento no amaina, la ironía es amarga: las calles cerca de las residencias oficiales no arden, como si el fuego tuviera criterio político. El año que viene, bromean algunos, no habrá incendios en esas tres comunidades porque no quedarán árboles. La previsión, a medio plazo, es que esto se repita. Y que se repita también el circo de las culpas.