Ocho Eurofighters españoles ya han interceptado tres aviones rusos en el Báltico
El destacamento Vilkas, con ocho cazas Eurofighter Typhoon del Ala 11 de Morón de la Frontera, se activó a finales de julio en la base lituana de Siauliai y en su primer mes ya ha protagonizado tres interceptaciones de aparatos de la Fuerza Aérea rusa que volaban sin cumplir la legalidad internacional. Lo confirma el Estado Mayor de la Defensa: los cazas han sido activados para identificar aviones rusos que sobrevolaban espacio aliado sin plan de vuelo conocido y con el transpondedor apagado. La cifra, en apariencia modesta, es la punta del iceberg de una misión que consume horas de vuelo, personal y combustible en un país a 3.000 kilómetros de Madrid.
Qué hace España en Lituania y por qué
La misión de Policía Aérea del Báltico es un acuerdo de la OTAN por el que los socios con capacidad rotan la vigilancia del espacio aéreo de Estonia, Letonia y Lituania, tres repúblicas sin medios suficientes para garantizarlo por sí mismas. España participa desde 2004 y esta es su novena rotación en la última década. El destacamento lo manda el teniente coronel Francisco Holgado del Águila y estará desplegado hasta noviembre, cuando pase el relevo.
El paquete no es solo de cazas. Junto a los ocho Eurofighter viaja un Airbus A400M del Ala 31 de Zaragoza que ya ha completado 20 misiones de reabastecimiento en vuelo, tanto a los propios cazas españoles como a aeronaves de otros países aliados. El contingente lo forman casi 200 militares de hasta 15 unidades distintas. La factura de mover ese despliegue durante cuatro meses no aparece en la nota del EMAD.
Las cifras del primer mes de despliegue
El balance oficial del primer mes incluye tres interceptaciones reales, 15 entrenamientos de alerta —los llamados T-Scramble—, dos misiones de disuasión y seis de integración con otras fuerzas aliadas. A eso se suman ejercicios como el Furious Wolf, en el que controladores aéreos avanzados españoles dirigieron operaciones con cazas de distintos países, y sesiones de tiro con armas cortas y largas en un campo de instrucción lituano.
La amenaza que justifica todo esto son los cazas, bombarderos y aviones de transporte rusos que vuelan entre Rusia y su exclave de Kaliningrado. Según el relato oficial, violan de manera continuada el espacio aéreo báltico o lo atraviesan sin plan de vuelo ni transpondedor. Los tres aviones interceptados en el primer mes encajan en ese patrón.
El coste de vigilar el aire de otros
La pregunta que recorre cualquier conversación sobre este despliegue no es militar, es contable: cuánto cuesta mantener ocho cazas, un avión de reabastecimiento y casi 200 personas operando desde una base soviética reconvertida. Las horas de vuelo de un Eurofighter se miden en decenas de miles de euros; las del A400M, en cifras similares. Multiplíquese por cuatro meses.
Hay quien sostiene que ese gasto es la prima del paraguas colectivo: si España no vigila el Báltico, nadie vigilará el Estrecho cuando toque. En contra pesa el argumento de que las fronteras propias —Ceuta, Melilla, Canarias, el espacio aéreo del sur— siguen teniendo agujeros conocidos y documentados. El debate no es nuevo, pero cada interceptación lo reaviva.
Lo que se discute cuando se discute la OTAN
La conversación derivó pronto hacia terrenos más ásperos. Una parte del análisis sostiene que la misión es propaganda pura: que interceptar significa apoderarse o detener algo, y que aquí solo se identifica y se acompaña. Otra corriente defiende que la disuasión es precisamente eso, estar y dejarse ver, y que el valor de la misión está en las 15 alertas de entrenamiento tanto como en las tres interceptaciones reales.
También hay quien pone el foco en la asimetría: los países bálticos mandan dinero a Ucrania mientras dependen de que otros les vigilen el cielo. La pregunta de por qué no compran sus propios aviones en vez de financiar la guerra de otro tiene respuesta incómoda: un escuadrón de cazas con su mantenimiento, pilotos y cadena logística cuesta más que varios años de contribución a una causa común.
Con tres interceptaciones en un mes, el destacamento Vilkas ha hecho exactamente lo que se esperaba de él. La duda que queda en el aire —nunca mejor dicho— es si ese resultado justifica el despliegue o si el despliegue existe precisamente para poder exhibir ese resultado.