¿Por qué los dependientes de la tienda gourmet no conocen el chorizo de Potes?
Un cliente en Suances (Cantabria) se llevó una desagradable sorpresa al entrar en una tienda de delicatessen local: los dos empleados jóvenes que atendían el domingo no sabían qué era Potes ni el famoso chorizo de esa comarca. El incidente, que el afectado relató con evidente enfado, ha destapado un problema recurrente en la hostelería y el comercio turístico: la falta de formación de los trabajadores temporales sobre los productos que venden.
Según el testimonio, los dependientes –descritos como millennials en su primer empleo– no supieron orientar al cliente sobre los quesos asturianos y cántabros. La situación empeoró cuando, al volver a la tienda, uno de ellos comentó en voz baja que el cliente se había cambiado de camiseta, lo que evidenció una falta de profesionalidad que muchos veraneantes han experimentado.
Uno de los participantes más conocedores de la zona señaló que la tienda en cuestión, Aramburu, suele tener personal cualificado, pero un domingo de julio cualquiera puede tocar empleados sin experiencia. Además, desveló un dato curioso: la torta del Cuera, el queso que el cliente acabó comprando, se fabrica en Alemania y se madura en Asturias. Un detalle que, lejos de restar valor al producto, demuestra la globalización del mercado gastronómico.
Entre las recomendaciones que surgieron en la conversación, destacan la carnicería Quintana en Cabezón de la Sal –famosa por sus chuletas de tudanca a precios que sorprenden a los madrileños– y la apuesta por alejarse de Santander para encontrar una experiencia rural más auténtica, como la ría de Ajo o Galizano.
Al final, el cliente se consoló con un queso de ciervo y la promesa de visitar una tienda mejor surtida. Pero la moraleja queda clara: en los paraísos turísticos, el conocimiento local no siempre está en manos de quien vende. Ironías de un sector que prioriza la inmediatez sobre la cultura.