Biarritz, Astorga y la inmigración que dibuja dos países
Biarritz en 2026: paseo marítimo, camareros que tratan de usted y una estampa humana que, según quien lo cuenta, no ha cambiado en décadas. En abril abrió una tienda de Chanel en el edificio donde vivió Coco Chanel; la postal de lujo intacta. Al otro lado del Bidasoa, la percepción se invierte. Pueblos de León, Burgos o Palencia con 160 vecinos tienen ya una presencia estable de personas llegadas de otros países, mientras ciudades francesas de 15.000 habitantes se mantienen con una mayoría casi total de población nativa. La comparación deja de ser anecdótica cuando se cruza con salarios, pensiones y poder adquisitivo.
Francia concentra, España dispersa
La primera observación es geográfica. En Francia, la población inmigrante se acumula en el eje París-Lyon-Marsella y en el cinturón de Nantes o Toulouse: quien rebate la tesis inicial describe vagones de cercanías en Lyon con casi todos los viajeros de origen africano y una presencia abrumadora en el transporte urbano de Nantes. Fuera de las grandes aglomeraciones, la Francia rural y las pequeñas ciudades aparecen como una postal casi intacta. Es el patrón inverso al que se describe en España: la llegada ha sido más rápida —25 años frente a 70— y no se queda solo en Madrid o Barcelona, sino que alcanza a Astorga, Palencia, Valladolid y pueblos de interior de Burgos.
Hay quien matiza que la diferencia es de visibilidad, no de volumen: la población extranjera estaría en España más repartida y, por tanto, más presente en el día a día. Otros añaden que parte de esa población en Francia está relativamente integrada y aparece en actividades profesionales y sociales comunes, no solo en guetos.
El taxi de 12 euros como termómetro
El dato que más circula es el del taxi: 12 euros de un pueblo a Astorga; 12 euros del centro de Biarritz a la estación. La misma tarifa, en un lugar históricamente caro y elegante y en una localidad media de la España vaciada. La comparación se vuelve incómoda cuando se añaden los sueldos: 3.500 euros al mes en el caso francés, alrededor de 1.500 en el español, en un país con la inflación comiéndose la cesta de la compra.
La geografía explica parte del contraste: el mundo rural francés ha sido históricamente más productivo y cuenta con mejores condiciones edáficas y climáticas; el campo español, en buena parte secarral, sostiene peor su población. Aun así, la sensación de quien cruza la frontera es que Francia financia mejores servicios públicos con ingresos superiores, mientras en España el coste de la vida empieza a parecerse con sueldos que se quedan a la mitad.
Jubilación: el mito de los 63 años se matiza
Uno de los argumentos recurrentes es que los franceses se jubilan a los 63 años. La corrección llegó con datos: la edad legal en Francia es de 67 años; solo es posible jubilarse antes, a partir de 63,5, si se han cotizado 43 años. Además, la pensión francesa repone entre el 50% y el 60% del último salario, frente a entre el 80% y el 90% en España. Es decir, la ventaja francesa no está tanto en la edad de salida como en el nivel de vida acumulado antes de jubilarse.
Política migratoria, IMV y rentas de partidos
En el plano político, el análisis se tensa: se citan 40 miembros de origen no europeo en el gabinete de Macron, se atribuye a la izquierda francesa un voto inmigrante decisivo —Mélenchon con el 15%— y se compara el 27% del PSOE con el 5% de los socialistas franceses. El factor que más se repite como incentivo a la llegada es el IMV, la prestación española que no exige contraprestación salvo el empadronamiento. Se habla de 50.000 llegadas mensuales a Barajas que luego se repartirían por todo el territorio, y de la frontera española como puerta abierta. Son cifras sin verificación oficial, pero marcan el tono de una preocupación que ya no es solo urbana.
En 25 años España ha reproducido en velocidad un proceso que en Francia ha durado 70, pero con sueldos de 1.500 euros y alquileres de 900 por un piso pequeño. Esa combinación es la que convierte una simple observación de viaje en un termómetro económico: cuando el coste de la vida se iguala y los ingresos no, la comparación con el vecino deja de ser anecdótica.