John Smmith
¿Y tu que miras?
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Por más que me lo cuenta, no entiendo su visión. Usted quiere deflación, pero nada de lo que cuenta nos lleva a ella. Creo que se ciñe a activos muy concretos. Pero nada nos lleva a la deflación general y día a día los datos le van en contra. Empiezo a creer que es usted Gonzalo Bernardos.
El pogre repudio del dólar, como moneda global, también es inflación. Al final, creamos lo que creamos, la humanidad necesita los insumos que necesita, no hay más. Y lo mejor que nos puede pasar es que fluyan con facilidad y de forma natural. Cualquier distorsión en el fluir del capital solo lleva a la inflación. De hecho es lo que buscan quienes tienen el poder de influir en ello, los que llamamos "las élites".
Estamos en manos de burócratas intervencionistas, un socialismo enmascarado que como cualquier socialismo solo conduce a la miseria (inflación), control (dictadura) y destrucción total de la economía productiva, sustituyéndola por una economía dirigida que da bandazos hacia el precipicio ya que nadie en el mundo puede controlar todos los efectos perversos de la intervención. Cada volantazo de los Bancos Centrales, los estados o los gobiernos, solo consiguen hacer derrapar la economía en sentido contrario y que de un nuevo bandazo que se suma al anterior, hasta que llegue el momento que nos sacará de la pista y acabaremos estampados en el muro.
Esta vez la peculiaridad es que es global, nadie puede escapar, porque no hay un muro que saltar ni un país donde huir.
El pogre repudio del dólar, como moneda global, también es inflación. Al final, creamos lo que creamos, la humanidad necesita los insumos que necesita, no hay más. Y lo mejor que nos puede pasar es que fluyan con facilidad y de forma natural. Cualquier distorsión en el fluir del capital solo lleva a la inflación. De hecho es lo que buscan quienes tienen el poder de influir en ello, los que llamamos "las élites".
En "La sociedad del espectáculo" (1967), Guy Debord menciona que la burocracia es la propietaria del capitalismo de Estado. Debord argumenta que la burocracia ha asumido el control y la propiedad del capitalismo estatal, destacando su papel como una clase dominante en este contexto.
Su existencia está ligada a la perpetuación de las relaciones de poder y dominación en la sociedad contemporánea.
Según Guy Debord, la burocracia establecida como única propietaria de un capitalismo de Estado necesita demostrar su superioridad en el terreno del capitalismo para legitimar su propiedad. Sin embargo, al intentar hacerlo, la burocracia termina confesando que es un "pariente pobre del capitalismo".
Debord argumenta que el proyecto de la burocracia de rivalizar con la burguesía en la producción de abundancia mercantil se encuentra obstaculizado por su propia ideología.
En resumen, la burocracia necesita demostrar su superioridad capitalista para justificar su propiedad, pero al intentarlo, revela las contradicciones de su sistema. Su ideología y prácticas terminan siendo un obstáculo para lograr esa demostración de propiedad que busca.
Su existencia está ligada a la perpetuación de las relaciones de poder y dominación en la sociedad contemporánea.
Según Guy Debord, la burocracia establecida como única propietaria de un capitalismo de Estado necesita demostrar su superioridad en el terreno del capitalismo para legitimar su propiedad. Sin embargo, al intentar hacerlo, la burocracia termina confesando que es un "pariente pobre del capitalismo".
Debord argumenta que el proyecto de la burocracia de rivalizar con la burguesía en la producción de abundancia mercantil se encuentra obstaculizado por su propia ideología.
En resumen, la burocracia necesita demostrar su superioridad capitalista para justificar su propiedad, pero al intentarlo, revela las contradicciones de su sistema. Su ideología y prácticas terminan siendo un obstáculo para lograr esa demostración de propiedad que busca.
Estamos en manos de burócratas intervencionistas, un socialismo enmascarado que como cualquier socialismo solo conduce a la miseria (inflación), control (dictadura) y destrucción total de la economía productiva, sustituyéndola por una economía dirigida que da bandazos hacia el precipicio ya que nadie en el mundo puede controlar todos los efectos perversos de la intervención. Cada volantazo de los Bancos Centrales, los estados o los gobiernos, solo consiguen hacer derrapar la economía en sentido contrario y que de un nuevo bandazo que se suma al anterior, hasta que llegue el momento que nos sacará de la pista y acabaremos estampados en el muro.
Esta vez la peculiaridad es que es global, nadie puede escapar, porque no hay un muro que saltar ni un país donde huir.
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