Vamos a ver, personalmente no me molesta el control. Pero es que todo está hecho con mal humor. No oirás nunca una inspección en un kebab, un super paki o cualquier parada de mercadillo. Seamos sinceros, pueblos con un montón de negocios llenos de gente, horas y horas allí, que ya me dirás cómo les salen los números cumpliendo las leyes. Todos sospechamos (salvo en raras excepciones) lo que allí se cuece.
En cambio las pequeñas empresas, donde los trabajadores libres de forma anónima tienen gratis denunciar irregularidades, están acosadas constantemente por la administración. En mi caso la inspectora se volvió con lo puesto. No encontró nada para perjudicarnos. No me quejo de la inspección, me quejo del procedimiento acosador.
No sé si nunca habéis tenido alguna. Se trata de un acoso a ritmo de funcionario cuyo objetivo es mermarte todos los recursos posibles e impedir centrarte en tu trabajo, buscando el mínimo error para hacer caja. Te van pidiendo datos en varias etapas que te obligan a recopilarlos y repasarlos a conciencia para que no haya ningún error que te perjudique a ti mismo. Esa gente no entiende que no nos dedicamos a hacer papeles, nuestro trabajo es otro y que toda esa montaña de papeles que tanto les regocija a ellos, a nosotros nos ahoga y desincentiva.
Al final te das cuenta que solo es afán recaudatorio, van a buscar a quien no puede huir y saben que habrá cometido algún error administrativo. Solo eso. Quienes hacen irregularidades en España lo tienen muy fácil.
Pero es que el año pasado nos vinieron con una de hacienda. Tampoco encontraron nada, con decirte que la multa por pequeños errores contables fue de 100€, y podía haberlos recurrido perfectamente, pero incluso mi gestor me aconsejó dejarles morder algo para que no siguiesen molestando. La multa va en porcentaje a lo que ellos consideran que les has robado. Llega un momento que prefieres pagar para sacártelos de encima.
Son un proceso que te merma energía y recursos creándote una sensación de angustia sin sentido y que si al final son 2.000€ te das por satisfecho, pagas y lo olvidas. Pero 1.000.000 de personas a 2.000€ de media es un buen pico de botín que nos dejamos robar muchas veces sin razón real, para evitar el prolongado proceso inquisitorio al que nos somete esa banda de rateros en que se ha convertido el estado.