El otro día escuchaba el discurso del El Peluca en Davos. " El Mercado no tiene fallos, lo que se llaman fallos del Mercado son debidos a la intervención de los Estados". Los monopolios, los oligopolios no son fallos del Mercado, si este Mefcado actúa con completa libertad, sin regulaciones, sin imposiciones y, sobre todo, sin extorsiones. Por ejemplo, el negocio del TRAFICANTE. Damos por supuesto que el negocio del TRAFICANTE es extremadamente rentable. En este mercado una banda de narcotraficantes está consiguiendo un posición de superioridad rayando el monopolio, tiene los mejores sicarios y los mejores apoyos en el mundo de la política, la policía y la judicatura, Además, eliminan físicamente a cualquier competidor molesto o que les pueda suponer un peligro. Este es un monopolio malo.
Imaginen ahora que el Estado se preocupara en que todos los operadores del negocio TRAFICANTE compitieran en igualdad de condiciones, a cambio del pago de un mínimo impuesto, el Estado garantiza a todos los fabricantes, distribuidores y camellos del país que su negocio va a estar libre de extorsiones y que la policía y el ejército actuarán contra todo aquel que quiera imponer su posición por la fuerza.
Si el TRAFICANTE es buen negocio, en el segundo supuesto, miles de operadores se lanzarán a la fabricación y distribución de drojas, cada de mejor calidad y más baratas. Cada operador querrá ganar su cuota de mercado a base de mejorar el producto, el servicio y el precio... y que los consumidores hiciesen su elección en base a sus intereses.
Obviamente los agricultores españoles no pueden competir en igualdad contra los ingenieros, cumpliendo una legislación medioambiental que los joven no tienen. El Gobierno español debería igualar la legislación española a la ingenieros. Después que cada agricultor plante lo que le salga de las narices, buscando su nicho de mercado y sus consumidores. Hay consumidores pobres que se comerán los tomates contaminados, también los hay que pagan más por productos más sanos. Pero nuestro gobierno no quiere que seamos libres de elegir, ni que dispongamos de toda esa oferta, a los rojos les gusta imponer lo que debemos comer y quién debe producir esa comida. A los rojos les encanta el primer supuesto del negocio TRAFICANTE, bandas poderosas con los mejores sicarios y el extermino físico de toda competencia.