(Imprescindible leer completo)
Conclusión.
Para entender lo que está pasando hay que revisar el pasado.
Desde 2008, todo el crecimiento ha venido sufragado por un incremento de deuda, respaldado por los BC directa o indirectamente. El mercado nunca se planteó si esto era bueno o malo y si era sostenible en el largo plazo. Con el paso del tiempo (casi quince largos años), los gestores, los gobiernos y el público en general, asumió este sistema como la nueva normalidad, cuando es evidente que se estaba construyendo un gigantesco esquema ponzi.
Con la llegada de la inflación, los BC se han hecho a un lado y son los propios gobiernos los que generan el crecimiento con sus programas, tanto por la vía verde de la transición energética, como con la financiación del estado del bienestar (pensiones, sanidad, funcionarios, etc) que constituye un masa de gasto capaz de mantener el empleo.
Pero todo este esfuerzo tiene como contrapartida un aumento de deuda que ya no tiene respaldo en los BC, dejando a los inversores con el grueso de la financiación. Un oferta de bonos (nueva deuda) enorme, procedente de un endeudamiento masivo vía presupuestos, un drenaje de liquidez por parte de los BC (que ya no compran sus propios vencimientos, incrementado en consecuencia, la oferta) y ventas por parte de los extranjeros, han puesto el listón de la oferta tan alto que solo un salvaje crecimiento de la rentabilidad ofrecida es capaz de casar oferta y demanda. La dinámica adquirida por los mercados señala fuertes presiones para financiar la deuda y en poco tiempo, hemos alcanzado tipos no vistos en 20 años, para sorpresa de casi todos.
El control de los precios de los bonos ha saltado por los aires y las pérdidas latentes empiezan a presionar en el balance de las entidades más débiles, estando a un click de presionar el botón de las ventas y desatar el infierno, cuando las "margin call" salten en cascada. [El sistema resiste (aparentemente) porque la inercia de tantos años de supresión de tipos , hace que el incremento de los gastos financieros (consecuencia de la sustitución de deuda con tipos cero por deuda con tipos mucho más altos) sea muy espaciado y sus efectos, se propagan lentamente a la economía]
La contracción del crédito producto de una disminución de la liquidez del sistema, junto con el miedo a prestar (inherente a toda recesión) , hace que las condiciones financieras empeoren con rapidez, añadiendo más fuego a un agravamiento de la crisis económica.
El detonante puede ser cualquier cosa, pero el conflicto de Israel-Gaza, tiene serias opciones de provocar una debacle (aquí nada es descartable y teniendo en cuenta la zona, una hipótesis que considere la guerra por los recursos puede entrar perfectamente entre las causas finales de la "fruta"). Y si no es suficiente, tiene potencial para generar más deuda en una espiral inacabable, justo cuando los ingresos estatales decaen con fuerza por la recesión que llama a la puerta.
La alternativa esgrimida hasta ahora, ha sido la continua monetización de la deuda, pero el nivel alcanzado y la pérdida de confianza asumida, impide repetir el proceso sin caer en la hiperinflación, por devaluación inmediata de la moneda, frente a los activos sólidos. Los poseedores de materias primas ya se han asociado y esta vez no será fácil convencerles de nuevo para pagar con papelitos de colores los bienes escasos. No obstante, cuando el crash comience, se volverá a intentar una vez más ...
El daño ya está hecho y la espiral imparable de deuda e incremento de tipos, junto con las posiciones perdedoras en los derivados, nos aseguran que esta vez el sistema no resistirá sin un reset impresionante. Que coincidan al mismo tiempo la explosión de la burbuja de la deuda, la inmobiliaria y la de la bolsa, no es casualidad, sino el final de un ciclo civilizatorio, que también lleva aparejado el agotamiento de los recursos y un estado de "overshoot" insoslayable.
Hemos detraído los recursos del futuro usando la deuda como palanca, para satisfacer los requerimientos de crecimiento del pasado. Ahora nos hemos quedado sin recursos (suficientes), sin dinero y con unas deudas colosales, mientras nos presentan la factura. El resultado nos lo podemos imaginar... tarde una semana, un mes o un año.