Eladio entra de un portazo a la vivienda que comparte con su mujer Paca desde que se casaron en los años setenta y atraviesa con gesto taciturno la puerta cancel acristalada que actúa de sonajero al rozarla por tener resecos los marcos de palisandro que eligieron juntos en el ebanista de la constructora cuando firmaron la reserva. Esta vez, como todas las mañanas, Paca percibe la sombra en la mirada de su compañero de vida desde que decidieron casarse luego de que Eladio heredara la vieja farmacia que regentaba su familia por tres generaciones, siendo toda su estirpe el candado de los secretos más oscuros de las enfermedades venéreas del pueblo. Era sabido entre los hombres que los ancestros de Eladio y el mismo, atendían con suma discreción a todos los que llegaban afectados a su farmacia por una enfermedad venérea, aportando soluciones para que no se enteraran sus mujeres y que él sentía orgullo de haber logrado gracias a su buen hacer mantener muchos matrimonios que se hubieran roto si no fuera por sus conocimientos y discreción. Dentro de estos particulares clientes, estaba Vicente, director de la Caja Rural del pueblo al que Eladio había ayudado con una infestación de sarna que se había pillado en el prostíbulo del pueblo vecino junto con un cliente con el que habían ansioso a cerrar un trato de un préstamo para poder comprar un campo que disponía de pozo de riego. Debido a su ayuda, Vicente le había tomado aprecio a Eladio, y lo invitaba a tomar café todos los días en el bar que estaba entre la Iglesia y la Caja Rural, y charlaban de la vida, pero fundamentalmente de finanzas en las que Vicente predecía el futuro de la economía mostrándole a Eladio dibujos que él no entendía muy bien en un suplemento salmón de la edición local de un periódico nacional indicándole que por esta rayita hacia arriba y la otra hacia abajo, el mundo cambiaría. A Eladio le fascinaba la seguridad con la que Vicente afirmaba tales enunciados. Los dos amigos charlaban del presente y el futuro, y al terminar el café, antes de volver cada uno a sus actividades, leían las necrológicas para saber uno que clientes iba a tener que atender por herencias, y el otro para saber cómo le afectaría la caja de la semana la pérdida de un cliente.
Esta mañana, ya jubilado, volvía andando con paso errático a su hogar luego de salir del bar de toda la vida ahora regentado por un chino que le había puesto demasiado ron en el café y que la mezcla con las pastillas que tomaba para la ansiedad no habían hecho demasiado buena mezcla, Eladio recuerda como su viejo amigo Vicente predecía el futuro financiero con esas graficas que le mostraba. Recordó también la extraña gloria que había tenido Vicente luego de pillarse otra venérea y tener elevada fiebre que lo obligo a quedarse en su casa, y que el estado de su amigo no le había permitido verlo ya que venían sus descendientes por los medicamentos. Recuerda que su gloria conmocionó al pueblo al ser encontrado por la cajera de la Caja Rural que había ido hasta su casa para que le firmara unos documentos y lo había encontrado tirado en el medio del salón de su casa que siempre tenía las puertas abiertas, desangrado con un tenedor clavado entre los cigot. El pueblo nunca se explicó como la mujer de Vicente, devota creyente, no había escuchado cuabdo Vicente se cayó sobre el tenedor al ir a la cocina y ella, según declaró a la policía, estaba trabajando en sus labores cosiendo en la máquina de coser que le había regalado Vicente en su santo. El ruido del motor era ensordecedor dijo.
Épocas pasadas, en las que Eladio fue feliz. Ahora al ir al bar a la misma hora de siempre, mantener la charla con el chino que le habla del tamaño de los ríos en China, y que le dice que vienen más familiares a ayudarle, hace que Eladio cada vez se asile más en sus recuerdos de esas épocas en las que se sentía útil hablando con su amigo, así que decide llevarse a hurtadillas a su casa, bajo la chaqueta, las páginas salmón del periódico del día que se promete leer y entender que significan todos esos números y siglas para honrar a la memoria de su amigo y poder hacer las mismas predicciones que tanto le fascinaba, en un esfuerzo por sentir que el mundo vuelve a su sitio.
Esta mañana, ya jubilado, volvía andando con paso errático a su hogar luego de salir del bar de toda la vida ahora regentado por un chino que le había puesto demasiado ron en el café y que la mezcla con las pastillas que tomaba para la ansiedad no habían hecho demasiado buena mezcla, Eladio recuerda como su viejo amigo Vicente predecía el futuro financiero con esas graficas que le mostraba. Recordó también la extraña gloria que había tenido Vicente luego de pillarse otra venérea y tener elevada fiebre que lo obligo a quedarse en su casa, y que el estado de su amigo no le había permitido verlo ya que venían sus descendientes por los medicamentos. Recuerda que su gloria conmocionó al pueblo al ser encontrado por la cajera de la Caja Rural que había ido hasta su casa para que le firmara unos documentos y lo había encontrado tirado en el medio del salón de su casa que siempre tenía las puertas abiertas, desangrado con un tenedor clavado entre los cigot. El pueblo nunca se explicó como la mujer de Vicente, devota creyente, no había escuchado cuabdo Vicente se cayó sobre el tenedor al ir a la cocina y ella, según declaró a la policía, estaba trabajando en sus labores cosiendo en la máquina de coser que le había regalado Vicente en su santo. El ruido del motor era ensordecedor dijo.
Épocas pasadas, en las que Eladio fue feliz. Ahora al ir al bar a la misma hora de siempre, mantener la charla con el chino que le habla del tamaño de los ríos en China, y que le dice que vienen más familiares a ayudarle, hace que Eladio cada vez se asile más en sus recuerdos de esas épocas en las que se sentía útil hablando con su amigo, así que decide llevarse a hurtadillas a su casa, bajo la chaqueta, las páginas salmón del periódico del día que se promete leer y entender que significan todos esos números y siglas para honrar a la memoria de su amigo y poder hacer las mismas predicciones que tanto le fascinaba, en un esfuerzo por sentir que el mundo vuelve a su sitio.
Última edición: