Por qué las CBDC están destinadas al fracaso. Porque pretenden usarse para planificar la economía como el socialismo siempre ha soñado. Copio hilo de twitter.
¿Sabías que el socialismo es inviable desde el punto de vista económico? No se trata de una opinión, sino de un hecho demostrado por la teoría y la historia. En este hilo te voy a explicar por qué el socialismo fracasa siempre y en todas partes.
El socialismo es un sistema que pretende transferir la propiedad de los medios de producción al gobierno. El gobierno afirma que sabe mejor que nadie lo que la gente necesita y desea. Por eso, controla todo lo que se produce, cómo se produce y para quién se produce.
Pero, ¿cómo puede el gobierno saber lo que la gente necesita y desea? ¿Cómo puede saber cuánto cuesta producir cada cosa? ¿Cómo puede saber cuánto vale cada cosa para la gente? La respuesta es que NO PUEDE. Necesita del Cálculo Económico.
El cálculo económico es el proceso por el cual los agentes económicos (Empresas, Individuos y Gobierno) comparan las distintas alternativas disponibles, y eligen la que más les beneficia, según sus preferencias y sus recursos.
Para ello, utilizan el dinero como una unidad de medida común, que les permite evaluar las distintas opciones.
El dinero refleja los valores de las cosas en términos que todos podemos entender. Así se forman los precios, que son señales que nos dicen cuán escasas o abundantes son las cosas.
Los precios nos ayudan a tomar decisiones acertadas, tanto como productores como consumidores. Nos indican qué cosas hacer, cómo hacerlas y para quién hacerlas. Así se coordina la economía de forma sencilla y eficaz.
El problema es que, sin propiedad privada, no hay mercado. Y sin mercado, no hay precios. Y sin precios, no hay forma de saber qué recursos son más valiosos o más escasos que otros.
Esto impide que el gobierno pueda planificar la economía de forma eficiente. Solo puede especular o imponer sus criterios ideológicos.
Para ilustrar este problema, vamos a ver un ejemplo práctico de cómo el socialismo falla en el cálculo económico.
Imagina que eres el planificador central de una economía socialista. Tu tarea es decidir cuánto trigo producir para satisfacer las necesidades alimentarias de la población. ¿Cómo lo harías?
Podrías intentar estimar la demanda de trigo basándote en datos históricos, encuestas o proyecciones demográficas. Pero eso sería muy impreciso y estaría sujeto a cambios constantes por factores como las preferencias, los ingresos o las condiciones climáticas.
Podrías intentar fijar un precio para el trigo basándote en algún criterio arbitrario, como el coste medio de producción o el valor social del producto. Pero eso sería muy injusto y estaría sujeto a distorsiones por factores como la inflación, la corrupción o el mercado […].
Podrías intentar dejar que el trigo se distribuya libremente entre los productores y consumidores según sus necesidades. Pero eso sería muy caótico y estaría sujeto a escaseces o excedentes por factores como la especulación, el acaparamiento o el desperdicio.
Ninguna de estas opciones te permitiría realizar un cálculo económico racional sobre el trigo.
No tendrías forma de saber si estás produciendo demasiado o demasiado poco, si estás usando los recursos de forma eficiente o derrochadora, si estás satisfaciendo las necesidades reales o ficticias de la gente.
En cambio, en una economía de mercado, el cálculo económico sobre el trigo se realiza de forma automática y descentralizada por medio del sistema de precios.
Los productores y consumidores usan el dinero para expresar sus valoraciones subjetivas sobre el trigo en términos objetivos y comparables. Así se forman los precios del trigo, que son señales que transmiten información sobre su escasez relativa.
Los precios del trigo orientan las decisiones de los productores y consumidores, coordinando sus planes y ajustando la oferta y la demanda. Así se organiza la economía de forma eficiente y óptima.
Este ejemplo del trigo se puede extender a cualquier otro bien o servicio que se produzca en una economía. Sin un sistema de precios de mercado, el cálculo económico es imposible. Y sin cálculo económico, el socialismo es inviable.
Este argumento fue formulado por primera vez por Ludwig von Mises en 1920, en su artículo "El cálculo económico en la comunidad socialista". Allí sostuvo que el socialismo es un sistema ineficiente, que no puede satisfacer las necesidades humanas.
El socialismo no solo es incapaz de realizar el cálculo económico, sino que también limita la función empresarial.
La función empresarial es la capacidad de descubrir y aprovechar las oportunidades de beneficio que surgen en el mercado. Es lo que impulsa la innovación, la competencia y el pogre económico.
La función empresarial requiere de la propiedad privada, la libertad y el dinero. Sin propiedad privada, no hay incentivos para emprender. Sin libertad, no hay espacio para crear. Sin dinero, no hay forma de calcular.
El socialismo elimina estas condiciones y, por tanto, anula la función empresarial. El socialismo convierte a los individuos en meros ejecutores de los planes del gobierno, sin iniciativa ni responsabilidad propia.
El socialismo es, en definitiva, un sistema antieconómico. Es un sistema que niega la realidad y la naturaleza del hombre. Es un sistema que conduce al empobrecimiento y a la tiranía.
Por eso, el socialismo ha fracasado siempre y en todas partes donde se ha intentado. Por eso, el socialismo es inviable desde el punto de vista económico.