El 20% de la población aporta el 5% del IRPF: la brecha fiscal que incomoda
Un 20,2% de la población residente en España es extranjera. Aporta el 5,19% de la recaudación por IRPF. La desproporción es tan bruta que invita a lecturas simples, y el debate público se ha llenado de ellas. Pero la aritmética, cuando se mira con calma, cuenta una historia más incómoda que la del vividor y la del pagano.
La cifra que alimenta el relato
Los datos del INE que circulan en los últimos días son tozudos: 10.004.581 extranjeros frente a 39.509.752 españoles. En recaudación, 6.894 millones frente a 125.966 millones. El 5,19% del total. La conclusión que se extrae de forma inmediata es que el colectivo recibe mucho más de lo que aporta. Esa es la lectura que domina el debate, y no es descabellada a primera vista.
La réplica que desmonta la trampa estadística
Hay, sin embargo, un matiz que cambia el dibujo. El IRPF grava salarios, no personas. Y los salarios de la población extranjera se concentran en la parte baja de la tabla. No porque sean todos cirujanos e ingenieros, sino porque la estructura laboral los empuja a ocupaciones con menor retribución. Un sueldo bajo retiene poco porcentaje, y eso se refleja en la recaudación.
Además, la comparación mezcla peras con manzanas: el 20% es población total, mientras que el 5% es recaudación de cotizantes. Si un cotizante extranjero tiene dos descendientes, esos descendientes cuentan en el 20% pero no aportan nada. La misma lógica aplica a los españoles pobres, que también reciben ayudas y servicios sin contribuir proporcionalmente. La brecha no es étnica: es de clase.
El debate de fondo: pensiones y sostenibilidad
El argumento de que la inmi gración sostiene las pensiones se tambalea con estos números. Si el grueso de la población extranjera cotiza por salarios mínimos, su contribución al sistema es limitada. La pregunta que queda flotando es si el modelo fiscal actual puede sostener el Estado del bienestar con una base contributiva tan polarizada. Los ricos, sean de donde sean, aportan mucho más de lo que representan numéricamente. Los pobres, también sean de donde sean, aportan poco. Y en España, la población extranjera es, en su mayoría, pobre.
¿Y si el problema no es quién viene, sino cómo se le paga?