Zara desafía al hombre clásico con siluetas holgadas y estética 'jedi'
¿Por qué la cadena de Amancio Ortega empeñada en vestir a los hombres como si fueran extras de 'Dune' o de una rave futurista? La última colección masculina de Zara ha desatado un debate que va más allá de la moda: toca la identidad, la comodidad y, sobre todo, el modelo de negocio. Cuatro modelos, tres de ellos blancos, posan con pantalones oversize, chanclas con chaquetas largas y cortes que recuerdan a la 'Temporada Jedi', como resumió un usuario. La pregunta del millón: ¿venderán estas prendas o son solo un brindis al sol de márketing?
De los skinny a las batas: el giro radical de Zara
Durante años, Zara impuso el pantalón pitillo como uniforme masculino. Ahora, la firma abraza lo contrario: siluetas anchas, tejidos vaporosos y una estética que muchos califican de 'mariconadas' en el foro, aunque otros defienden que es simplemente cómoda. «Al principio da un poco de cosa, pero cuando te pones la falda es fresquita y cómoda», se lee en el hilo, en alusión a una prenda con aire de pareo. La colección incluye pantalones cortos con chaquetones de manga larga («polivalencia», ironizan) y conjuntos que algún usuario compara con el vestuario de 'El quinto elemento'. No es casualidad: Zara busca diferenciarse en un mercado donde lo básico lo vende Lefties y lo clásico lo copan las sastrerías de toda la vida.
Negocio o postureo: la gran pregunta
«La finalidad no es vender ropa», sentencia un mensaje destacado por la comunidad. Y hay quien lo corrobora: «De esas mierdas van a vender bien poquitas. Es Zara mandando un mensaje, no publicitando prendas para venderlas en masa». La teoría es que la cadena de Inditex usa estas colecciones extremas para generar ruido mediático, mientras su volumen real de ventas sigue anclado en los básicos sin etiqueta. Pero otros advierten: «Hace tiempo que Zara no vende ropa básica y sencilla. Todo lo que venden es para manfloritos». La realidad es que Inditex facturó 35.000 millones en 2024, y Zara sigue siendo su buque insignia. Si esta línea fracasa, será un rasguño, pero si funciona, habrá marcado tendencia.
El cliente se rebela: tallas imposibles y falta de clasicismo
El hilo destila un descontento práctico: «Me quise comprar un traje y no me subían los pantalones para arriba. En Zara no tienen muslos», relata un usuario. Otro se queja de que una camisa talla L le queda como un globo, y en otra tienda necesita una XXL. La inconsistencia de tallas es un clásico, pero aquí se suma a la sensación de que Zara ha abandonado al hombre tradicional. La figura del 'clásico' se defiende con orgullo: un usuario cuenta que, tras ponerse un traje Armani de 2004 para ir a comisaría, le abrieron las puertas como a una autoridad. «Clásico es aquello de calidad atemporal», sentencia. Mientras, la estética 'Gilcore' o 'DUNE 1920s' se percibe como una provocación para una minoría modernita.
El cierre del debate deja un regusto agridulce: algunos reconocen que los tres primeros conjuntos son cómodos y que «ya podríamos ir así los hombres en verano». Pero la mayoría ve en esta colección un síntoma de algo más profundo: la batalla cultural sobre qué significa ser hombre. Zara, como siempre, juega a ser termómetro y termostato. Veremos si el mercado la secunda o la deja en bata y chanclas.