La era del androginarcado: una tesis sin respaldo económico
Se ha planteado que el futuro ya está aquí: niños de laboratorio, clones humanos, cyborgs e inteligencia artificial. Y que esa revolución tecnológica, sumada al fin del monopolio religioso que encarnaría el papa León, abre paso a la era del androginarcado. La idea tiene gancho verbal, pero su base histórica y económica es, cuando menos, endeble.
Hay dos frentes interpretativos. Uno niega que el patriarcado haya sido dominante y sostiene que la humanidad ha vivido en un matriarcado encubierto. Otro, con más oficio arqueológico, precisa que la civilización minoica encajaría en un modelo matriarcal, pero que atribuir eso a la Grecia clásica es un error que mezcla mitos y leyendas.
En el terreno económico no aparece un solo dato. La inteligencia artificial, los cambios en la estructura familiar o la brecha salarial quedan fuera. El androginarcado se asemeja más a un eslogan de redes que a un marco de análisis capaz de explicar la transformación del empleo o de los cuidados.
Mientras el transhumanismo avanza en los laboratorios, la discusión pública sigue anclada en el insulto y la ocurrencia. La única certeza es que esta revolución presunta llega sin balance de costes, sin cifras de inversión y sin prognosis laboral. El futuro prometido, por ahora, no presenta sus cuentas.