Estados extranjeros interviniendo en POLÍTICA ESPAÑOLA:

Estados extranjeros interviniendo en POLÍTICA ESPAÑOLA:
RESUMEN

La idea de que España carece de soberanía es una falacia utilizada para encubrir la corrupción política y la pasividad ciudadana, mientras que el Estado posee el poder necesario para actuar, aunque no para evitar todo.

La cantinela de que España no tiene soberanía, repetida hasta la saciedad por unos y otros, es una cortina de humo. Una mentira gruesa para justificar tropelías y desmanes. Cuando algo sale mal, se culpa a servicios secretos ajenos, a la conspiración internacional, a lo que haga falta. Pero la realidad es que el Estado español tiene, y de sobra, el poder para hacer las cosas. Lo que no tiene, como ningún otro en el mundo, es omnipotencia. No puede evitar atentados, ni prever todas las jugadas turbias de los políticos, ni mucho menos estar libre de corrupción. Llamémoslo Régimen del 78 o como queramos, pero el poder existe.

El juego internacional y la excusa de la debilidad

Los conservadores liberales, esos que no se andan con rodeos, suelen decir que con ciertos gobiernos, como el de Sánchez, España "no es nadie" en el plano internacional. Y tienen razón, hasta cierto punto. Todos los países juegan al "Risk" en el tablero mundial. La cuestión es cómo juegan. Hay quienes prefieren un rol defensivo, alianzas sólidas pero sin ambiciones expansivas, al estilo de las antiguas ligas griegas. La pregunta es si un Estado, tal y como lo conocemos, puede realmente abstenerse de los maquiavelismos internacionales y limitarse a defender a su pueblo. Probablemente, la respuesta sea no.

Las sombras que mueven los hilos

No es ningún secreto que diversas potencias extranjeras tienen sus tentáculos en España. La embajada rusa, por ejemplo, se ha mostrado activa reclutando tanto a la ultraderecha como a la ultraizquierda, fomentando narrativas nostálgicas o afines a sus intereses geopolíticos. Hemos visto cómo artistas afines al ejército ruso son invitados y cómo se glorifican intervenciones militares controvertidas. La embajada de Irán sigue un patrón similar, financiando movimientos y apoyando a figuras políticas que, curiosamente, comparten espacios con ideologías extremas.

La embajada china, por su parte, ejerce una influencia más sutil, tejiendo redes a través de inversiones y promesas de desarrollo económico. Conglomerados empresariales controlados por el Partido Comunista Chino buscan ganar influencia política y económica, a menudo a través de acuerdos que benefician a políticos y empresarios con una moral cuestionable. Mientras tanto, los intereses estratégicos chinos en temas como Taiwán o el Tíbet parecen lejanos, pero su poder blando, basado en mitos de decadencia occidental y potencia estatal, va calando.

La embajada americana también ha tenido su papel, con agentes en España. La alineación política de partidos como Vox con la política estadounidense, o la potencial adaptación del PSOE y el PP a las directrices de Washington o de la Unión Europea, demuestran cómo los intereses de potencias extranjeras se infiltran en la agenda nacional. Y no podemos olvidar las embajadas de países como Arabia Saudita, Pakistán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Marruecos o Catar, que financian mezquitas, difunden interpretaciones agresivas del islam y, en el caso de Marruecos, utilizan el chantaje migratorio como herramienta de presión económica y política.

La población, ¿espejo de la falta de soberanía?

La excusa de la falta de soberanía no solo sirve para que los políticos se libren de responsabilidades. También refleja una parte de la población que parece más preocupada por lo monetario que por la salud democrática del país. Se deja arrastrar por ideologías de odio, ya sean las promovidas por partidos estatalistas, el antisemitismo, el racismo, la eurofobia o el sectarismo religioso. Esta pasividad y desinterés generalizado son, en sí mismos, un caldo de cultivo para la injerencia extranjera y la perpetuación de un sistema que se excusa en su supuesta debilidad.

Datos clave
  • España tiene soberanía, pero no omnipotencia.
  • La influencia de embajadas como la rusa, iraní y china es notable.
  • Diversos países de Oriente Medio financian mezquitas y ejercen presión.
  • La pasividad ciudadana facilita la injerencia extranjera.
  • El "Risk" internacional define las relaciones entre estados.
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