Una joven presume de ganar 100.000 euros al mes y la audiencia responde con sorna
Dicen que puede facturar 100.000 euros mensuales. También que su historia es el ejemplo perfecto del ascensor social, la prueba de que en este país quien se esfuerza prospera. El problema es que, cuando se pregunta qué hace exactamente para ganar esa cifra, las respuestas se vuelven brumosas y, sobre todo, muy irónicas.
El vídeo de los 51 minutos y el monólogo del yo
El vídeo dura 51 minutos. En tres momentos aleatorios del mismo, según quien lo ha visto, la protagonista repite una y otra vez “yo, yo, yo”. No hace falta verlo entero para captar la esencia: una joven llamada Carlota que se presenta como una triunfadora hecha a sí misma y que no oculta su admiración por sí misma. La reacción pública, sin embargo, dista del respeto que busca. Los comentarios se burlan abiertamente, se cuestiona la veracidad de su éxito y no faltan las insinuaciones sobre la naturaleza de su negocio. Algunos apuntan a que el “sector turístico” y los “paradores nacionales” que ella cita como escenario de su trabajo son eufemismos que no resisten el menor análisis.
El algoritmo como verdadero negocio
El punto más interesante no es si Carlota es o no millonaria, sino el mecanismo que la convierte en trending topic. El algoritmo premia cualquier interacción, incluso la negativa: que se rían de ella no le resta visibilidad, se la suma. Y eso, en la economía de la atención, tiene valor monetario. De ahí que el escepticismo, lejos de hundirla, probablemente la haga más rentable.
La cuestión de fondo sigue sobre la mesa: si cualquiera puede llegar a millonario con esfuerzo y exposición, ¿por qué la única prueba tangible es un vídeo de 51 minutos donde solo se oye “yo”? ¿O será que, como en tantas burbujas, el negocio no es el éxito, sino la audiencia que lo contempla?