El goteo de gloria que la estadística no capta
Hay quien sostiene que el número de fallecimientos reales supera con creces lo que publican los boletines oficiales. La tesis es que no hubo un apocalipsis repentino, sino un goteo lento pero constante de personas que, cinco años después de las banderillas masivas, caen por infartos, ictus o cáncer prematuro. Según esta corriente, el ahorro en pensiones sería el objetivo último: gente que dura diez o veinte años menos de lo esperado, y cuyas gloria se diluyen en las estadísticas de causas naturales.
La evidencia directa, sin embargo, es esquiva. En un pueblo de 200 habitantes, testigos presenciales describen a varios ancianos con marcapasos y hasta cinco dosis de banderilla con un aspecto inmejorable. La misma fuente reconoce que otros, que recibieron tres dosis y se pusieron muy enfermos, dejaron de banderilla y hoy gozan de buena salud. La contradicción entre el relato macro —políticos fallecidos, gloria silenciosas— y la experiencia micro —vecinos que siguen vivos— es la grieta por la que se cuela el escepticismo.
El debate queda abierto: ni la estadística ni la anécdota cierran la historia, pero la pregunta sobre si se está contando toda la verdad sobre la mortalidad sigue sobre la mesa.