¿Se puede expulsar a un fundador por pedir un congreso?
Iván Espinosa de los Monteros ha sido expulsado de Vox. Lo confirmó él mismo: el partido se lo comunicó oficialmente, y aunque dijo sentirse entristecido, no sorprendido. El motivo desencadenante, según ha trascendido, fue su petición de un congreso interno para discutir la estrategia del partido. En la política española, esa es la línea roja: cualquiera que cuestione al líder, fuera.
El precio de discrepar en un partido hiperliderado
El contexto pesa más que el procedimiento. Vox ha visto la salida sucesiva de dirigentes fundadores y voces críticas en torno a una dirección muy estable, la de Santiago Abascal. De hecho, Abascal es el líder nacional en activo que más tiempo acumula al mando de su partido en España: más que Pedro Sánchez (PSOE), Alberto Núñez Feijóo (PP), Yolanda Díaz (Sumar) o Ione Belarra (Podemos). Esa longevidad en el poder interno se traduce, según sus críticos, en una centralización que no tolera el disenso.
La purga no es nueva. Quienes han seguido la trayectoria de Vox recuerdan que el partido ya se ha desprendido de otros miembros fundadores y de perfiles liberales que no encajaban con la línea marcada por la cúpula. Ahora le toca a Espinosa de los Monteros, uno de los rostros más reconocibles y con mayor proyección mediática del partido. La pregunta es si Vox se está comiendo a sus mejores fichas.
Legalidad y procedimiento: lo que queda por ver
La expulsión está confirmada, pero los detalles del procedimiento aún no se conocen. Como cualquier afiliado, Espinosa de los Monteros tiene derecho a un proceso con audiencia, defensa y recursos, según los estatutos del partido. Que sea un fundador no lo hace inmune, pero tampoco convierte automáticamente la sanción en legítima si la causa fue simplemente pedir un congreso. Los estatutos de Vox, como los de cualquier partido, permiten sancionar conductas que atenten contra la disciplina o el interés del partido, pero la interpretación de esas cláusulas es siempre discrecional.
La sensación que queda es que, más allá de la legalidad, el mensaje político es nítido: en Vox no se negocia la estrategia ni se permite el debate interno abierto. Quien lo intente, fuera.
¿Un liberal menos en un partido que gira al estatismo?
Entre los análisis que circulan, hay quien sostiene que la salida de perfiles liberales como Espinosa de los Monteros empuja a Vox hacia posiciones más estatistas y menos identitarias. Se habla incluso de un «giro a la PSOE verde», en referencia a un supuesto aumento del gasto público y del intervencionismo. Otros, en cambio, defienden que la cohesión interna es necesaria para la eficacia electoral y que la expulsión de quien cuestiona al líder es moneda corriente en cualquier partido.
Lo cierto es que Vox pierde a uno de sus fundadores más carismáticos en un momento en que la competencia por el voto de derecha se intensifica. Y Abascal sigue al mando, imbatible, con un partido cada vez más homogéneo. El partido que llegó a la política para romper el «régimen de partidos» aplica ahora las mismas reglas que tanto criticaba. Cosas de la política española.