España supera a Marruecos en fragatas, submarinos y portaaviones
El ranking de Global Firepower sitúa al Ejército español en el puesto 21 del mundo, con una puntuación de 0,3556, mientras que Marruecos aparece en el puesto 61 de 145 países con 1,0524. La brecha se agranda en el apartado naval: España opera 11 fragatas frente a las 6 del reino alauita, tiene 2 submarinos frente a ninguno y suma 6 buques de guerra de minas por cero del país vecino. Sobre el papel, la superioridad es clara. Otra cosa es lo que opina la calle.
Qué dice el ranking y qué dice la calle
El dato oficial coloca a España en el puesto 21 de 145 países, una posición que en el contexto europeo la deja por debajo de potencias como Francia o Italia, pero por encima de Alemania, Canadá, Noruega o Suecia, según la misma clasificación. En el ranking específico de armadas, España escala hasta el puesto 17, por delante de Australia, Canadá y Suecia. La comparación con Marruecos, sin embargo, es la que ha encendido el interés: el país vecino aparece en el puesto 61, con una puntuación de 1,0524 frente al 0,3556 español.
Hay quien sostiene que estos rankings miden poco y mal. Que Global Firepower pondera factores dispares —desde el número de efectivos hasta la capacidad logística— y que sus criterios no reflejan la realidad operativa. En contra pesa un argumento difícil de rebatir: los números están ahí, y en el apartado naval la distancia es abrumadora.
Once fragatas contra seis, dos submarinos contra ninguno, seis buques de guerra de minas contra cero. El portaaviones español, además, no tiene equivalente marroquí.
El problema no es Marruecos, es Argelia
La conversación da un giro cuando se introduce un tercer actor. Los submarinos de clase Kilo de Argelia, equipados con misiles Kalibr, aparecen como la verdadera amenaza para las costas españolas.
Seis submarinos que, según un análisis pesimista que circula en el foro, superan en poder ofensivo a toda la flota española y dejan sin defensa efectiva ciudades como Valencia o Barcelona. La compra de dos fragatas F110 adicionales a las cinco del pedido inicial se interpreta en este contexto: no como una respuesta a Marruecos, sino como un parche frente a Argelia.
La paradoja es que España diseña y vende fragatas, construye submarinos y lanza satélites, pero arrastra un déficit de defensa costera que los expertos llevan años señalando. El debate sobre si el esfuerzo debería concentrarse en la Armada —dada la condición peninsular y el hecho de que más del 70% de la población vive en zonas costeras— choca con la estructura actual de gasto, donde tierra y aire se llevan la mayor parte.
La dependencia tecnológica que nadie discute
Un punto que genera consenso incómodo: la integración de los sistemas de armas españoles en el entorno AEGIS. Según esta tesis, para disparar un misil, el capitán de un buque español no decide por sí mismo, sino que eleva una solicitud al centro de mando de la OTAN, que autoriza o deniega el lanzamiento. La dependencia operativa de Estados Unidos convierte la superioridad numérica en algo relativo. No es una opinión aislada: es una de las corrientes más repetidas cuando se analiza la autonomía estratégica española.
A esto se suma el factor humano. Hay quien apunta que el porcentaje de tropa nacida fuera de España es notablemente superior en misiones de alto riesgo, y que la cohesión interna del Ejército es un activo tan importante como el material. Los datos concretos sobre esta cuestión son escasos y las opiniones, dispares.
El historial como argumento
La memoria histórica entra en juego. Los enfrentamientos entre España y Marruecos, se argumenta, siempre acabaron mal para el lado marroquí, incluso cuando el ejército español en África estaba compuesto mayoritariamente por tropas indígenas. La Marcha Verde de 1975 se cita como excepción: un pulso ganado sin disparar un tiro. La conclusión que extraen algunos es que la superioridad material española no se ha traducido siempre en resultados políticos.
El contraargumento es que el contexto ha cambiado. Marruecos ha modernizado sus fuerzas armadas, ha tejido alianzas internacionales y ocupa una posición estratégica privilegiada. La pregunta que sobrevuela es si la brecha naval actual es suficiente para disuadir cualquier aventura, o si la dependencia de terceros convierte esa ventaja en papel mojado.
La Armada española tiene más fragatas, más submarinos y más buques de guerra de minas que Marruecos. También tiene un portaaviones que el país vecino no puede igualar. Y sin embargo, la conversación no termina de cerrarse. Porque el enemigo real, según los propios análisis, no navega bajo bandera marroquí.