¿Por qué España no rueda su propia épica?
Un dato: en 2026, ni TVE ni una sola productora privada ha estrenado una serie o película sobre los Tercios, el ejército que dominó Europa durante siglo y medio. Mientras tanto, se producen ficciones sobre personajes como la Veneno o versos del abecedario. La pregunta no es caprichosa: tiene un recorrido económico, cultural y hasta político.
El negocio de la endofobia
El término
endofobia —aversión hacia la propia cultura— lleva años circulando. La RAE lo reconoce en uso, aunque no figure en el diccionario. En la industria audiovisual española, el fenómeno se traduce en una omisión sistemática. Se financian series sobre la historia LGTBI, la memoria histórica o la crítica al franquismo, pero el Imperio español, con sus luces y sombras, apenas aparece. La excepción más notable es
Alatriste (2006), que ambienta a los Tercios de Flandes en su decadencia. Nada sobre el esplendor de Pavía, San Quintín o Lepanto.
¿Falta de público o miedo al éxito?
Los datos de audiencia sugieren que sí hay mercado. Series históricas como
Águila Roja (2009-2016) promediaron un 24% de share. Pero la apuesta por lo épico-patrio choca con un relato dominante que ve en esos episodios una conquista violenta, no una hazaña militar. Quienes defienden la necesidad de producir estos contenidos apuntan a que otros países —Reino Unido, Francia, incluso Turquía— rentabilizan su pasado glorioso sin complejos.
Ironía final
Mientras tanto, los foros de economía especulan con una serie imaginaria:
«El soldadito amanerado», un drama sobre la gaiidad en los Tercios durante el asedio de Ostende, con reparto de cómicos. Es una broma, pero revela hasta qué punto la industria ha puesto el listón. Si no se rueda una obra seria, al menos la parodia sirve de termómetro.
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