El motor «más innovador de la historia» que España no se cree
Un motor que bebe de un diseño del siglo XIX, una década entera de investigación y pruebas, y una empresa española dispuesta a presentarlo al mundo como el avance tecnológico definitivo. Ese cóctel aterrizó a finales de junio de 2024 y, en lugar de aplausos, cosechó desconfianza. La paradoja resulta familiar: cuanto más ambicioso es el anuncio, más rápido se afila la ceja. El «motor más innovador de la historia» llegó sin planos y, por ahora, se ha ido sin veredicto.
Qué se sabe del motor y qué se esconde en la letra pequeña
Lo primero que chirría es la escasez de detalles. Diez años de desarrollo para un sistema cuya base se remonta al siglo XIX, pero sin una sola cifra pública sobre consumo, par o fiabilidad. El artilugio, a juzgar por las descripciones disponibles, se parece a un motor rotativo al estilo del clásico Wankel, ese en el que una pieza con cavidades gira en lugar de unos pistones que suben y bajan. Otra lectura apunta a algo más exótico: pistones enfrentados que empujan contra un disco de levas en vez de un cigüeñal convencional. Sin los planos, todo es especulación.
El muro del rozamiento: la teoría no basta
Un motor rotativo tiene una ventaja teórica evidente: el movimiento que genera ya es circular, así que en teoría hay menos conversiones mecánicas y menos pérdidas. En la práctica, el historial del rotativo es el de un motor que quema aceite, se desgasta antes de tiempo y rinde por debajo de lo prometido. Las objeciones al nuevo diseño señalan el mismo punto débil. Los números que circulan son contradictorios hasta el absurdo: hay quien asegura que gira a 17.000 revoluciones y gripa al instante, y quien sostiene que apenas alcanza las 17 rpm, lo que lo haría inservible para mover un vehículo. Con ese margen, cualquier pronóstico serio empieza por pedir el banco de pruebas.
El síndrome Grabate: el peso del historial
Aquí no se juzga solo un motor, se juzga una trayectoria. El recuerdo de proyectos patrios que quedaron en humo —el vehículo de altas prestaciones GTA Spano, las baterías de GRABAT, el biocombustible de algas que se anunció a bombo y platillo— condiciona el juicio. La sospecha no es técnica, es histórica: demasiadas promesas españolas han acabado en subvención y silencio. En ese clima, incluso un canal especializado de YouTube que primero tildó el invento de bluf matizó después reconociéndole salida comercial, lo que enreda más el relato en lugar de aclararlo.
Dónde se pierde de verdad la energía
El debate de fondo trasciende este prototipo. La energía se pierde, sobre todo, en la cadena cinemática: desde la cámara de combustión hasta la rueda se desaprovecha una porción notable del esfuerzo. En una moto, las pérdidas de transmisión se han medido históricamente en torno al 15%; otras estimaciones elevan el desperdicio casi al 50%, aunque ahí el cálculo se vuelve discutible. La solución que muchos defienden no pasa por reinventar el motor, sino por el esquema diésel-eléctrico: un bloque girando siempre a régimen constante para generar electricidad y motores eléctricos en las ruedas. Es la lógica de las locomotoras y de los grandes buques, que mueven la hélice casi en directo. La duda es si aquí se ha inventado algo nuevo o se ha rebautizado algo viejo.
¿Merece este motor un hueco en la historia o solo un titular de verano? La respuesta sigue aparcada.