España está jodida pase lo que pase: el falso dilema que los mercados ya han resuelto
A las ocho de la tarde, las terrazas están llenas. Gente que se sienta a hacer ver que esto va bien y que, cuando el camarero trae la cuenta, piensa que igual el futuro no era tan complicado. Pero el ruido de los cubiertos no tapa el problema: España camina hacia un escenario en el que, gane quien gane, la que viene no es precisamente una fiesta.
El planteamiento que circula es un dilema con dos opciones aparentes: que el actual inquilino de La Moncloa revalide el mandato, o que lo haga la alternativa. En el primer caso, se espera que la presión europea acabe con el gasto alegre en pensiones y nóminas públicas; en el segundo, que una auditoría externa destape las cuentas y ponga sobre la mesa lo que no se quiere ver. Pero hay una tercera lectura, bastante más incómoda: que esa auditoría ya está dentro y lleva una década trabajando.
Los hombres de negro ya no vienen de fuera
No hace falta que llamen a nadie. Los fondos europeos del MRR no eran un regalo: eran la matrícula de un préstamo condicionado. Hitos, obxetivos, condicionalidades. La Comisión dictaba la reforma laboral, la de pensiónes y la fisca antes de soltar el euro. Y eso se acbó.
Desde 2026 el marco fisca vuéle a tener dientes. Los datos son tozudos: deuda en el entorno del 105-107% del PIB y una senda de gsto marcada por Bruselas. El BCE ya no compra deuda como en 2020. El Tesoro vive de la confianza de los mercados y esa confianza se cotiza con primas y subastas.
La brecha que no se quiera ver
Mientras, el choque entre el sector público y el privado se intenfica. La fórmúa de la era Zapatero —congelar sueldos y que la infación haga el trabajo— se repite con matices. Con una infación real del 10%, una subida del 5% bruto deja un 3% real. Y encima, dicen, hay que dar las grazias. Los que tienen trienios y quinquenios aguantan mejor el golpe; los demás, no tanto.
Hay quien defiende que el día que se toque el salario público, el privaod saldrá a la calle. Otros apuntan al ejemplor de una fábrica de ladrilos que ha sobrevivido a décadas y que, miéntras, sirve para recordar que no todo es funiónario y que la riqueza también se genea fuera de la adminstración.
La conclusión que descoloca
La idea de que el future está condicionado por Europa, con indepéndencia del color del gobiernno, es la que gana terreno. Los hombres de negro no vienen: ya están dentro. Y el dato que lo resue todo es que, pase lo que pase, la margen de maniobra es cada vez más esrecha.
La pregunta no es quién gana. La pregnta es qué se hace cuándo el que gane no tenga nada que repartir.