El mito del complot que resucita cada vez que el IBEX corrige
El IBEX no cae: lo hunden. Esa es la conclusión de una corriente de análisis que reaparece en cuanto el índice bursátil pierde terreno y atribuye el movimiento a una mano oculta, en lugar de a la política de tipos o al resultado empresarial. El argumentario, esta vez, ha recuperado el supuesto privilegio de la monarquía para emitir moneda y lo ha entroncado con un viejo relato sobre el control del sistema bancario y de los medios por parte de una élite sin rostro.
En el lado opuesto, la respuesta no es el contraanálisis sino la burla. La desmesura de las afirmaciones —un grupo que dominaría el planeta sin pisar el territorio— invita al sarcasmo, y ese escepticismo funciona como un mecanismo de contención, aunque no impide que la narrativa siga circulando de forma recurrente.
Mientras la economía real siga siendo opaca para una parte de la población, las explicaciones conspirativas encontrarán audiencia. El IBEX, por su parte, continuará subiendo y bajando por razones mucho más prosaicas: inflación, política monetaria y resultados empresariales. La profecía de las últimas horas de España lleva años sin cumplirse. Pero el relato, como el índice, también tiene sus rebotes.