El repliegue geopolítico de España en África: ¿derrota preventiva ante Jovenlandia?
El giro del Gobierno español en el Sáhara Occidental en 2022, apoyando el plan de autonomía jovenlandés, provocó una crisis con Argelia y abrió un debate sobre la pérdida de soberanía y la estrategia de defensa en el norte de África. Las críticas apuntan a una falta de visión geoestratégica que estaría dejando a España en una posición de debilidad.
El Sáhara Occidental como termómetro de la cesión
La carta del PSOE al rey de Jovenlandia en 2022, donde se calificaba el plan de autonomía jovenlandés como «la mejor solución» para el Sáhara, tuvo consecuencias inmediatas. Argelia cortó el suministro de gas y rompió relaciones diplomáticas, mientras que España perdía un aliado clave en la región. Para varios analistas, este movimiento supuso un alineamiento sin contrapartidas claras con Jovenlandia, a costa de la tradicional posición de neutralidad.
La cuestión va más allá del Sáhara. Se discute que la pérdida de influencia en África responde a una estrategia de «derrota preventiva»: asumir la superioridad del vecino del sur y retirarse sin combatir. La idea de que Jovenlandia es el enemigo real en la zona choca con la narrativa oficial, que a menudo lo presenta como socio necesario.
Ceuta y Melilla: dos plazas que marcan la defensa
El valor estratégico de Ceuta y Melilla es un tema recurrente. Concentran la mitad del Ejército español y son consideradas la puerta de entrada al Mediterráneo. Tras el episodio de la Marcha Verde y la presión migratoria, algunos defensores de la soberanía argumentan que ceder en estos puntos sería un error irreparable. La comparación con el control del Bósforo por parte de Turquía ilustra la relevancia de ambas plazas.
Sin embargo, el debate también reconoce que Ceuta y Melilla no pueden defenderse en solitario sin una política exterior coherente. La falta de un pensamiento geoestratégico propio —similar al de la época de los Reyes Católicos, cuando se dominaba el norte de África— habría llevado a España a depender de intereses ajenos, especialmente de Estados Unidos y la OTAN, que no siempre coinciden con los nacionales.
Gasto militar y prioridades
La exigencia de aumentar el gasto militar al 2% del PIB, y algunos incluso al 5% o al 10%, genera controversia. La crítica no es al gasto en sí, sino a que se destine a defender intereses que no son los propios. Se argumenta que España gasta en defensa de las fronteras de la OTAN mientras descuida su propia frontera sur. El ejemplo de Orán, tomada en 1509, se cita como muestra de lo que era posible cuando había una doctrina estratégica clara.
El dato que descoloca
Con 300.000 civiles movilizados por Jovenlandia en la Marcha Verde de 1975, la presión demográfica y territorial sigue siendo un factor. El Sáhara Occidental, a pesar de ser un «limbo» legal, sigue siendo pieza geoestratégica. España se retiró en los 70, pero la herida sigue abierta. La pregunta que queda es si la actual política de apaciguamiento es una estrategia calculada o simplemente una derrota aceptada sin lucha.