El doble rasero de España: confinamiento en casa, inacción en Ceuta
En marzo de 2020, el Estado español decretó un confinamiento absoluto. Los ciudadanos estaban obligados a permanecer en casa, con excepciones mínimas, bajo multas y controles. Aquella medida duró meses y dejó imágenes de calles vacías en todo el país. Cuarenta días duró la fase más dura. Hoy, la misma estructura estatal se enfrenta a una crisis en Ceuta: un grupo de personas migrantes lleva ya cuarenta días en la ciudad autónoma, según las informaciones que circulan en medios económicos, sin que se hayan aplicado medidas contundentes para gestionar la situación.
El patrón que indigna
Quienes analizan el contraste hablan de un doble rasero. Durante la pandemia, se criminalizó el ejercicio de derechos básicos y se desplegó una fuerza represiva sobre la población. En cambio, en Ceuta se permite, según el malestar popular, una presencia que se ha convertido en un desafío a la autoridad. «Se trata de una feria», se quejan algunos, mientras el Gobierno sigue encogiendo de hombros.
La búsqueda de responsables
La crítica no se queda en la comparación. Se alude a la corrupción, a la traición y a la necesidad de juicios de residencia para depurar responsabilidades. También aparece la influencia de actores externos: desde la Unión Europea hasta el financiero George Soros, al que se acusa de marcar la agenda del Ejecutivo. Son argumentos especulativos, pero reflejan un descontento profundo con la gestión. La ironía de que «el virus ahora es real» resume el estado de ánimo.
El dato que descoloca: mientras el Estado español encerró a su población para frenar una pandemia, ahora mantiene una crisis migratoria de cuarenta días en la que la única presencia firme parece ser la de los propios migrantes en las calles de Ceuta. La misma vara, evidentemente, no mide igual.