España tiene menos hijos que Japón pese a más inmigración: el espejo coreano
¿Cómo es posible que España, con altos niveles de inmigración, registre una tasa de fertilidad inferior a la de Japón, un país con política migratoria restrictiva? Los datos: España ronda 1,1 hijos por mujer, Japón 1,2 y Corea del Sur toca fondo en 0,7. La inmigración aporta entre un 20% y un 40% de los nacimientos en España, según estimaciones. Sin ese aporte, la fertilidad de la población autóctona caería aún más, acercándose a los niveles coreanos.
El espejismo de la inmigración como solución demográfica
El debate subyacente es claro: la inmigración eleva la natalidad agregada, pero no resuelve la crisis de fertilidad autóctona. Japón, con escasa inmigración, mantiene una tasa ligeramente superior a la española pese a su envejecimiento. Si España restringiera la entrada de extranjeros como Japón, su tasa de fertilidad probablemente se parecería a la coreana, la más baja del mundo. Esto sugiere que el problema no es solo de inmigración, sino estructural: precariedad laboral, vivienda inaccesible e incertidumbre económica.
Causas profundas: del paro juvenil a la hipergamia
Se señalan factores como la falta de empleo juvenil estable, el coste de la vivienda y cambios culturales que retrasan o impiden la maternidad. Mientras el número de nacimientos en Japón duplica al español, aquí la tasa total se sostiene artificialmente con madres extranjeras. Sin ellas, el desplome sería histórico.
Que un país con casi el doble de nacimientos totales tenga una tasa apenas superior a la nuestra, y que España necesite inmigración para no hundirse al nivel coreano, debería invitar a algo más que a cruzar los brazos. Pero aquí seguimos, debatiendo si sobramos o no.