El fin de las ayudas destapa la debacle: las quiebras se disparan un 195% y España es el farolillo rojo de Europa
El fin de las ayudas COVID ha dejado al descubierto la auténtica salud del tejido empresarial español: la peor de Europa. Según datos de Bruselas, las quiebras en España aumentaron un 195% respecto a 2019; desde la llegada de Sánchez, un 211%. No es un dato aislado: las insolvencias de autónomos crecieron un 534% en 2023 y los procesos concursales de microempresas se dispararon un 5.375% en solo dos meses de 2024.
Empresas zombie y retirada de estímulos
El diagnóstico es casi unánime: durante la pandemia, muchas empresas se sostuvieron artificialmente con créditos ICO y ERTEs. Al retirarse las ayudas, la inflación y la subida de tipos acabaron con las compañías que no generaban ingresos reales. El Financial Times ya alertó de que los concursos en la UE alcanzaban máximos de ocho años. En España, el colapso golpea con especial virulencia a las pymes: el 69% de los cierres corresponden a empresas de menos de cinco trabajadores.
La patronal Cepyme cifró en 406.000 las pymes que cerraron 2025 en pérdidas, y el número total de empresas activas cayó al nivel más bajo desde la Gran Recesión. El dato más escalofriante llegó en marzo de 2024: los inicios de concurso de microempresas subieron un 5.375% en dos meses.
Bruselas aprieta, la burocracia asfixia
Mientras el tejido productivo se desangra, Bruselas ha denunciado a España ante el TJUE por no ajustar los umbrales de IVA para pymes, siendo el único país de la UE que no aplica el régimen comunitario. La presión fiscal sobre las pequeñas empresas es, según un informe del IEE y la Tax Foundation, el doble que en Suecia. El Gobierno, por su parte, justificó la redirección de fondos europeos argumentando que las empresas «no necesitan ayuda». Una declaración que, viendo las cifras, roza el cinismo.
La combinación de tipos altos, inflación de costes y un entorno regulatorio hostil ha provocado una avalancha de ERE: solo en julio de 2023, 4.800 personas perdieron su empleo por despido colectivo, la cifra más alta desde 2013. Las reestructuraciones aumentaron un 50% en 2023, y los laboralistas prevén que la tendencia se mantenga.
La ironía del relato oficial es mayúscula: se vende recuperación económica mientras el número de empresas se hunde y los autónomos —que sostienen el 89% de la recaudación fiscal— desaparecen a un ritmo que no se veía desde la crisis de 2008. El colapso empresarial no es un accidente: es la consecuencia lógica de matar al paciente para que el diagnóstico parezca bueno.
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