Feijóo en El Hormiguero: el abrazo a Topuria y el sesgo mediático que divide a España
Alberto Núñez Feijóo irrumpió en El Hormiguero con un gesto inesperado: un abrazo público a Ilia Topuria tras su derrota en la UFC. “Sigue siendo el mejor del mundo”, dijo, arrancando aplausos y reforzando su perfil cercano. Pero la visita no fue solo un gesto deportivo: el debate político que la rodea revela una brecha cada vez más profunda sobre el papel de los medios en la carrera presidencial.
Mientras unos ven una campaña mediática orquestada para impulsar al líder del PP, otros señalan que lo realmente preocupante es el cerco judicial al Gobierno. Las acusaciones de corrupción generalizada contra el Ejecutivo copan titulares, pero la cobertura no es equilibrada: la exposición de Feijóo en prime time contrasta con el silencio sobre los casos que afectan al PSOE.
La paradoja del ‘fachendoso’ moderado
El apelativo “frijol” o “Facheijoo” no es gratuito. Para sus críticos, Feijóo representa un conservadurismo de manual, pero carece del radicalismo que algunos desearían. “Ojalá fuera un fascista de verdad”, se ironiza en los mentideros digitales, señalando que su moderación le resta apoyos en el ala dura. Sin embargo, los datos de audiencia y los sondeos indican que la estrategia de mostrarse como un líder cercano —abrazos a deportistas incluidos— está funcionando entre el electorado de centro.
El ruido de fondo: corrupción y desafección
El debate no es solo sobre Feijóo. La sombra de la corrupción planea sobre la Moncloa con investigaciones que, según los críticos, se diluyen en los grandes medios. “Es vergonzoso que todo el aparato mediático influya para hacer presidente a Feijóo”, se quejan unos, mientras otros replican que el verdadero escándalo es que “el gobierno, su partido y su presidente estén cercados por sospechas muy fundadas”. En medio, una tercera vía sostiene que entre PP y PSOE no hay diferencias sustanciales, alimentando la desafección política.
La foto de Feijóo con Topuria —y su mensaje de resiliencia— probablemente no decidirá las elecciones. Pero sí revela una táctica comunicativa que explota la brecha entre la narrativa oficial y la percepción ciudadana. ¿Hasta dónde llegará el efecto abrazo?