Supermercados 24 horas: la batalla entre crear empleo y no explotar a los trabajadores
¿Por qué agallas los supermercados tienen que cerrar a las 21:30? La pregunta, lanzada al calor del verano, ha desatado un debate que va mucho más allá del horario comercial. Detrás hay una tensión real: cientos de miles de personas trabajan hasta tarde o no quieren salir de casa por el calor, mientras otros tantos buscan empleo y estarían dispuestos a cubrir un turno de noche.
La propuesta: abrir hasta las 3 de la madrugada con cajas automáticas
La idea inicial es simple: ampliar el horario de los supermercados hasta las 3 de la madrugada, o incluso 24 horas. El argumento clave es que con las cajas de autopago una sola cajera puede controlar hasta diez cajas a la vez, reduciendo la necesidad de personal nocturno. “El frío ya está encendido”, se dice, minimizando el costo extra de suministros. Además, se apunta que en muchas comunidades ni siquiera se permite abrir en festivos, lo que sería una traba regulatoria, no de mercado.
La respuesta de quienes han sufrido el turno de noche
La contestación ha sido brutal. Decenas de trabajadores que han pasado años en turnos nocturnos, en supermercados, hostelería o reparto, describen una realidad muy distinta: desajuste del sueño, problemas de salud, imposibilidad de conciliar la vida familiar. “Llegas a casa a las 6 de la mañana y tienes que llevar a los niños al colegio a las 9. No te echas a dormir esas tres horas”. Un testimonio recurrente es que trabajar de noche en “patidifuseces como un supermercado” debería estar prohibido, no fomentado.
Sin embargo, quien defiende la apertura nocturna responde lo mismo: él mismo trabajó años de noche repartiendo pizzas, festivos sin cobrar, y lo considera un mal menor frente al desempleo. “Mejor que morirse de pobre”, resume. Y acusa de hipócritas a quienes salen de noche a bares y hoteles pero se escandalizan de que un supermercado abra a las 3 de la mañana.
El coste económico real de abrir de noche
Frente al argumento de que los costes extra son mínimos, la experiencia empresarial dice lo contrario: iluminación, aire acondicionado, seguridad y el plus de nocturnidad incrementan los gastos sensiblemente. Además, las ventas nocturnas suelen ser de capricho, no de compra semanal, lo que dificulta la rentabilidad. Como señala un comentario: “Lo que se compre a las 3 de la madrugada no se compra a las 5 de la tarde”.
Pero la discusión no es solo económica. Es ideológica. Para unos, la flexibilidad laboral es la solución al paro; para otros, un paso más hacia la precariedad y la destrucción de la vida familiar. El desempleo en España sigue siendo alto, y la tentación de crear puestos de trabajo a cualquier precio choca con la defensa del descanso y la salud.
El debate sobre los supermercados nocturnos no tiene ganadores. La pregunta lanzada al foro ha servido para que dos Españas se enfrenten: la que necesita trabajar cuando sea y la que defiende que el trabajo tenga límites humanos. Mientras la regulación autonómica mantenga cerradas la mayoría de tiendas por la noche, el dilema seguirá abierto. Pero los testimonios dejan claro que, si se abren, no será gratis para quienes los atiendan.
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