Torre Pacheco: la psyop que nadie puede probar
Un chaval con la cara sangrando, sentado en el suelo, mientras un vecino le limpia la herida. La imagen dio la vuelta a las redes y a los telediarios. Pero el detalle que descoloca a media España no es la sangre: es la camiseta con el
Sol Negro y la riñonera con la calavera
Totenkopf, el diseño que popularizaron las SS. De todos los agredidos en los disturbios de Torre Pacheco, el que se hizo viral fue justo el que iba con esa indumentaria. Y eso, para muchos, no es casualidad: es una
psyop.
La tesis que recorre el debate es sencilla: alguien habría plantado a un figurante con estética ultraderechista para que los medios puedan contar que los disturbios los provocan grupos extremistas llegados de fuera, y no vecinos hartos de la inseguridad. El chaval no lleva tatuajes, no va con camaradas, y quien le asiste tiene pinta de vecino corriente. Demasiado limpio para ser un ultra de verdad.
El joven que no parece ultra
Los ultras suelen identificarse con la camiseta de su grupo. Este no. Los radicales suelen ir marcados. Este tampoco. Y en las imágenes que circulan aparecen hasta tres individuos de negro con logos distintos, como si alguien hubiera repartido vestuario sin avisar. La coincidencia, en política, es una palabra que no existe.
A eso se suma el giro de los programas matinales. Según se cuenta en el debate, todos viraron el discurso el mismo día hacia la ultraderecha, obviando el problema de inseguridad que había indignado a los vecinos. El modus operandi recuerda al del Reino Unido: en lugar de atajar a los delincuentes, se persigue a quien discrepa del relato oficial.
¿Por qué se habla de psyop y no de disturbio espontáneo?
Porque los disturbios se sincronizaron en siete u ocho puntos a la vez: Alcalá de Henares, Navarra, el País Vasco, Cataluña, Burgos, Murcia. Demasiada coordinación para ser espontáneo. Hay quien sostiene que alguien con narizota, mandil o acento estadounidense dio un empujoncito al asunto. Otros apuntan al calendario político: la cesión de la Hacienda catalana, los casos de corrupción del PSOE y el intento de ilegalizar a VOX como telón de fondo.
La versión más matizada no habla de psyop orquestada, sino de
pol-op: una operación política para transformar un hecho de seguridad ciudadana en un relato ideológico. Los ultras, en ese esquema, harían de tontos útiles. Y el beneficiario sería siempre el mismo: quien controla el relato.
El vídeo que no era el vídeo
El detalle que más ha indignado es el del vídeo que incendió los ánimos. Al parecer, no mostraba a migrantes agrediendo al abuelo de Torre Pacheco, sino a turbofascistas apaleando a un homosexual. La paliza al murciano existió, pero el vídeo que la amplificó era otro. Eso, para muchos, convierte el asunto en una
tavistockada de manual.
A nadie parece importarle ya si al anciano le dieron o no. La conversación se ha desplazado a si el agredido era un actor, si los hematomas mejoraron demasiado rápido entre la foto inicial y la entrevista, o si su actitud despreocupada al contar la agresión es compatible con un estrés postraumático real.
Lo que el dato no cierra
El alcalde de Torre Pacheco, mientras tanto, partiéndose de risa. Los tres detenidos no residían en el municipio. Y en Torre Pacheco, dicen, es todo paz y amor. El cierre no lo pone nadie: ni los que creen que fue una psyop, ni los que creen que fue un disturbio orgánico con ultras de verdad. Solo queda una certeza incómoda: la próxima vez que veas una camiseta con una calavera en un telediario, ya sabrás a quién beneficia.