Nivel educativo y voto a VOX: la correlación sin demostrar
Cada vez que se publica un informe educativo aparece la misma conclusión improvisada: los votantes del partido ajeno son más tontos. El último capítulo llega con una transferencia de crédito de 309,8 millones de euros del Ministerio de Educación al de Presidencia, aprobada por el Consejo de Ministros en julio de 2026. Sobre esa cifra se ha montado una tesis que suena bien y resiste poco: que el nivel formativo determina a quién votas.
PISA mide competencias, no intención de voto
El informe PISA evalúa a alumnos de 15 años en matemáticas o comprensión lectora. Ninguna de sus preguntas es «a quién votarías». Cruzar sus resultados autonómicos con los datos electorales es una operación que se hace a brochazos y sale mal: las comunidades con peor desempeño no son sistemáticamente las que más votan a VOX, y varias que sí votan a VOX no están en la cola. Hay excepciones para aburrir, y algunas desmontan directamente el titular.
Quién tiene la culpa del nivel educativo
Una corriente sostiene que la LOGSE y el proceso de Bolonia hundieron el nivel y que eso rentabiliza a la izquierda. El argumento se da la vuelta solo: mejor formación suele traducirse en más renta, y una población más rica no suele castigar al gobierno de turno. Otra corriente recuerda que las competencias educativas están transferidas a las comunidades desde hace años y que el PP, cuando gobernó, no revirtió aquellas reformas, sino que las aceleró. Las dos lecturas, juntas, se anulan.
Los 309,8 millones que no eran para asesores
Sobre la transferencia de julio circuló la versión de que el Ejecutivo había quitado el dinero a la educación para pagar enchufes. El desglose lo desmiente: el crédito salta entre ministerios, no desaparece del sistema. Quien sostenga lo contrario se queda sin el dato que sostiene su indignación.
El resumen más honesto es el que molesta a todos: ninguna encuesta mide el cociente intelectual y ninguna urna pregunta el expediente académico. Con un sistema educativo intervenido por diecisiete administraciones distintas, culpar al votante es lo fácil y lo inútil.