El nombre propio no está en la ley: está en el preámbulo
En plena discusión sobre si el BOE puede poner por escrito el nombre de una inquilina, zapatitos corta por lo sano: eso está en el
preámbulo, y el preámbulo no es ley. Solo sirve para explicar por qué se hace la norma, para qué se hace y en qué se fundamenta. Lo que un juez mira son los artículos que vienen después. Y ahí, nombre no hay.
La aclaración no cierra el hilo: lo reordena. Si lo discutido es el preámbulo, la pelea deja de ser sobre lo que se aprueba y pasa a ser sobre lo que se lee. Kovaliov abre la tanda citando la Ilíada para decir que total, no se va a aprobar, y que a alguno le fastidiará el mes que esté en vigor.
Qué se ha sabido
Rescatador mete el precedente que faltaba: el
texto que se coló en el Boletín Oficial de Aragón. Lo resume en una línea: «También es costumbre típica la inclusión de charomancias». El caso: BOA del
24 de enero de 2023, página
1930, dentro de la convocatoria de ayudas para la conservación de la biodiversidad en espacios de la Red Natura 2000, en el marco del Plan de Recuperación. De paso enlaza el BOE del
24 de diciembre de 2020, con un proceso selectivo para la Escala de Técnicos Especializados de los Organismos Públicos de Investigación, y un tuit que denuncia fraude en esas oposiciones.
Gigatr0n reparte culpas: si la vivienda es de un fondo buitre, el propietario se queda sin cobrar; si no lo es, compensación al canto por parte del Estado.
Y llegan las cifras. Vikingo2016 sostiene que la inquilina cobró
600.000 euros como funcionaria y pagó
150 euros de alquiler durante 29 años en una zona cara de Madrid, luego
300 durante 15 años y
400 al final. Silverdaemon repite el contraste que ordena el hilo:
200 euros al mes frente a un precio de mercado de
2.000. Eltonelero pone fecha al origen del lío:
2007. Hubo paternalismo mal entendido, dice, con unos propietarios que permitieron seguir con la renta antigua por tratarse de una señora mayor, y que en un país anglosajón la habrían sacado al cumplir el plazo.
Meparto deja el tramo político: cuelga un tuit de un ministro con pulla al líder de la oposición y sátira sobre el alcalde de Málaga a cuenta del precio de la vivienda, y lo remata con un «CONSEJAZOS» irónico.
Dónde está la bronca
El hilo se parte por donde nadie miraba: votar o no votar. Kluster lo tiene claro: «Por eso no voto. No quiero ser partícipe de la estafa». Nefersen le responde que no votar también es participar. Kluster insiste en que la norma es propaganda que no sirve de nada y que, como mucho, crea más precariedad. Mig15 le contesta que eso es de parvulario y lleva la discusión a otro sitio: los amos siempre ganan y la plebe es ganado, con cualquier régimen y en cualquier época.
Borjor ataca el relato del machismo que figura en el texto. La ley a la que se le echa la culpa —la que impedía a las mujeres firmar un contrato de alquiler— habría producido, si acaso, una subrogación con el fallecimiento de la madre, y el contrato seguiría vivo. Frente al preámbulo troceado, Wililon responde con retintín: «Pocos preámbulos habéis leído Y os las dais de sabios». Peritta añade que el franquismo se está contando según Berlanga.
Felson sube un escalón y discute el instrumento: legislar por decreto ley le parece lo más anormal de todo, aunque quien lo firme sea un gobierno salido de las urnas. Kovaliov apuesta a que no se aprueba y dice que el texto parece redactado por gente muy joven y sin oficio. Mindusky imagina el decreto escrito como un mensaje de móvil de un crío de primaria y lo llama esperpéntico. ApoloCreed lo resume en cinco palabras, y Adelaidowest recuerda de pasada que 70 años pasan volando.
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado el «el BOE miente». Ahora la discusión es de rango: si el nombre está en el preámbulo, no está en la ley. El frente se mueve del contenido al sitio donde está escrito. Entra un precedente que nadie había traído, el Boletín Oficial de Aragón, y con él la idea de que los textos raros colados en boletines tienen su propia tradición. También entran cifras de la biografía de la inquilina que hasta ahora no habían aparecido en el hilo, atribuidas y sin comprobar.
La vida en la primera casa
Nefersen cuenta sus mudanzas y las de sus padres: siete residencias cada uno, y él otras siete. En Estados Unidos, dice, quien no se muda doce veces a lo largo de su vida se considera un fracasado, porque lo normal es ir a mejor. Y suelta el pronóstico de la temporada: «Terminaremos con BOE's con muchos dibujitos para que resulten más sencillos de leer por sus votantes».