Alquilar por 600€ en Santander o comprar pagando 700€ solo de intereses: el cálculo que desmonta el mito de la compra como inversión segura
El eterno debate entre comprar y alquilar no tiene una respuesta única, pero el contexto geográfico lo cambia todo. En Santander, en pleno centro, se puede alquilar un piso con gastos incluidos por 600€ al mes. Para comprar una vivienda similar, solo los intereses de la hipoteca arrancan en 700€ mensuales. Es decir, quien compra paga más cada mes sin amortizar ni un céntimo de capital. El argumento de que «el piso será tuyo algún día» choca con la realidad de que la cuota no para de crecer si el euríbor se mueve.
La ayuda al alquiler que premia a los mileuristas y castiga al que gana 1.500€ más
El gobierno concedía en 2007 una ayuda del 50% del alquiler (40% Estado, 10% comunidad) a inquilinos jóvenes con ingresos familiares inferiores a 2,5 veces el IPREM – que ese año era de 5.990€, es decir, un tope de 14.975€ anuales. El efecto es perverso: una familia que gane 14.500€ recibe 300€ al mes; otra que gane 15.500€ no recibe nada. El salto de renta no solo no compensa, sino que deja al segundo en peor situación neta.
La paradoja se acentúa al comparar regiones. Un mileurista en Santander puede vivir independiente con ayuda, mientras que en Madrid o Barcelona el mismo perfil ni siquiera se plantea el alquiler porque los precios lo triplican. La solución simplona –"mudarse al norte"– choca con la realidad laboral: los puestos cualificados se concentran en Madrid y Barcelona.
Vivir por encima de las posibilidades reales
No todo es culpa de los precios. Como señalaban los análisis más lúcidos, el verdadero problema español no era la falta de ayudas, sino el consumo apalancado. Hipotecas al 120% del valor de tasación, tarjetas de crédito más numerosas que los móviles y la familia como colchón permitían un nivel de vida muy superior a los ingresos reales. Santander, pese a ser más barata, lideraba ese ranking de endeudamiento irracional.
Cierre irónico: Así que, mientras un inquilino santanderino pagaba 600€ con ayuda y vivía holgadamente, un mileurista madrileño soñaba con una hipoteca que nunca llegaría. La compra no era mejor ni peor: era un lujo al que solo accedían los que ya tenían el piso de sus padres o una nómina muy por encima de la media. El resto, a seguir pagando un alquiler que, al menos, no te ata a una deuda de por vida. Ironías de un país donde ahorrar 1.000€ al año te convertía en pobre subsidiado.
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