Torrente 5: propaganda del PSOE o sátira coral?
Que la última entrega de Torrente sea una pieza de propaganda del PSOE es una tesis que se sostiene mal con los datos. La película reparte hostias a diestro y siniestro, y si algún partido sale peor parado es Vox, rebautizado como NOX, pero el PSOE tampoco se libra: su líder aparece ridiculizado, se mofa del lenguaje inclusivo, de la hipocresía animalista y de la corrupción de Ábalos. ¿De verdad esto es propaganda?
Los argumentos de los que ven propaganda sistémica
La crítica más habitual es que la película asocia el patriotismo con heroinómanos, puteros y casposos, mientras que el PSOE solo recibe collejas menores. Señalan que el personaje de Torrente dice admirar a Ábalos por llenar una furgoneta de prostitutas, lo que interpretan como un guiño cómplice. También destacan la escena del mitin donde una avispa pica a Torrente en la oreja, que algunos consideran una burla al atentado contra Trump. La presencia de cameos como Vito Quiles o el marido de Nuria Roca —premio por un libro progresista— refuerza la sospecha de que el director alinea el humor con el relato dominante.
La respuesta: sátira que no perdona a nadie
Otro sector sostiene que Torrente siempre ha sido un esperpento que caricaturiza lo peor de la sociedad española, y que en esta entrega la diana es transversal. Recuerdan que Santiago Segura, aunque se declara de izquierdas, ha votado a Ciudadanos y al PP de Feijóo, difícilmente un militante socialista. La película ridiculiza a Vox mostrando a sus dirigentes como gañanes que hacen realidad la parodia, pero también se burla del sanchismo llamándolo «vilchista», de la corrección política y de la gestión del gobierno. El único partido que podría sentirse agraviado es Vox, y no precisamente por omisión.
El contexto político: más allá del PSOE
Lo interesante del debate es que revela cómo cada espectador proyecta sus prejuicios. Para la derecha, la película es propaganda cultural del régimen; para la izquierda, es un producto comercial sin más. La realidad es que Torrente 5 es un producto que busca la taquilla, y para eso necesita ofender a todos un poco. La referencia a los votantes de Vox como «toreros» o la parodia del atentado a Trump son elementos que, vistos en frío, no encajan con una supuesta agenda del PSOE. Más bien reflejan la visión cínica de un director que sabe que el humor negro vende.
El tiempo dirá si esta entrega envejece como las anteriores o si, como algunos temen, contribuye a fijar un estereotipo que cala. Por ahora, lo único seguro es que la polémica sirve de termómetro de la crispación política: cuando hasta una comedia de brocha gorda se interpreta como conspiración, el problema no es la película, sino el prisma con que se mira.