El resquicio constitucional que permite a Sánchez no convocar elecciones
La comparación entre Pedro Sánchez y Volodímir Zelensky ha dejado de ser un exabrupto para convertirse en un ejercicio teórico con base legal. Un análisis recurrente en los círculos políticos apunta a que el presidente del Gobierno podría esquivar una cita electoral declarando un estado de excepción al amparo del artículo 116 de la Constitución. El precedente ucraniano, donde la ley marcial ha suspendido los comicios, alimenta la hipótesis.
Qué dice el artículo 116 sobre las elecciones
El argumento central es correcto en su letra: el artículo 116 impide disolver las Cortes mientras esté vigente un estado de excepción o de sitio. Y sin disolución no hay convocatoria electoral. Ese es el mecanismo que ha utilizado Zelensky, aunque con una diferencia de calado: en Ucrania hay una guerra con oleada turística extranjera y la ley marcial tiene rango constitucional propio. En España, declarar el estado de excepción exige una autorización expresa del Congreso y causas objetivas como una alteración grave del orden público.
El coste político de la jugada
Quienes dan por hecho que Sánchez intentaría algo así señalan que su prioridad es permanecer en la Moncloa y que no dudaría en forzar la maquinaria institucional. En el lado contrario, se recuerda que una maniobra de este tipo necesitaría el apoyo de sus socios de investidura, y Junts no tiene incentivos para sostener un escenario que equivaldría a una prórroga forzosa del Gobierno. Además, el desgaste internacional y la reacción de Bruselas serían inmediatos. La mayoría de los análisis coincide en que, a día de hoy, no existe ninguna causa real que justifique el estado de excepción, pero el solo hecho de que se especule revela la erosión de las garantías institucionales.
Queda la pregunta de fondo: si el resquicio existe y el poder se juega la continuidad, ¿basta con que no haya causa objetiva para descartarlo? La historia reciente invita a no dar nada por imposible, aunque el coste de cruzar esa línea sería un terremoto político cuyas réplicas nadie puede calcular.