Piscinas públicas: el coste económico de los «baños fecales»
Cada día, decenas de piscinas municipales en España cierran sus puertas por un motivo que parece de broma pero tiene un impacto económico real: la presencia de heces en el agua. Lo que empezó como un «reto viral» es ahora un problema de gestión que se cobra miles de euros diarios en limpiezas, cloro y pérdida de ingresos.
El coste directo de los cierres
Cada cierre obliga a vaciar la piscina, clorar a niveles extraordinarios y, en muchos casos, reponer el agua — unos 400 metros cúbimos de media. Solo el agua supone entre 600 y 1.200 euros por intervención, según el precio local. A eso se suman las horas extras del personal de mantenimiento y la pérdida de taquilla. Si un municipio medio sufre un cierre a la semana, el gasto extra anual ronda los 50.000 euros. Para las arcas locales, ya apretadas, no es una partida menor.
El reto viral que nadie pidió
Lo que algunos llaman «cagaplayas» o «cagapiscinas» se ha convertido en un fenómeno recurrente. No es nuevo — siempre ha habido incidentes — pero la viralidad lo ha multiplicado. Las piscinas públicas, que ya arrastraban déficit de mantenimiento, ven como un acto incívico les cuesta semanas de servicio perdido. La pregunta que flota es si la solución pasa por más vigilancia, endurecer sanciones o, como apuntan algunos gestores, cerrar directamente las instalaciones más conflictivas.
Las playas tampoco se libran: varios arenales han tenido que izar la bandera roja por contaminación fecal, con el consiguiente golpe al turismo local. Y mientras, los ayuntamientos hacen números para ver si merece la pena mantener abiertas las piscinas de verano. ¿Hasta dónde aguantará un servicio público que cada día se convierte en un vertedero?