El hispanismo como patología: identidad y economía
La imagen se lanza en el debate y no es inocente: una ciudad que parezca «más San Pedro Sula que Zúrich». Sobre esa comparación —más cultural que clínica— se ha montado una controversia sobre el hispanismo, la reivindicación de la herencia hispánica compartida con América Latina. La pregunta de fondo no es médica, aunque se formule en esos términos: ¿se trata de una postura identitaria legítima o de un lastre económico?
Del orgullo hispánico al cálculo económico
De un lado se sostiene que el hispanismo es una construcción política que empobrece: la idea de que España se mira en América Latina cuando debería compararse con los estándares europeos. La réplica es tajante: la supuesta patología sería, más bien, querer parecerse a Zúrich y renegar de la propia historia. En medio aparece el reproche de que la «hispanidad» que reclaman formaciones como el PP y VOX sería una versión interesada y falsa del pasado.
Migración, sueldos y el relato de la economía sumergida
El terreno económico es donde la discusión se vuelve tangible. Circula la tesis de que el atractivo hispanista esconde un interés laboral: mano de obra que cobra menos y trabaja más en sectores como el reparto a domicilio, con pagos sin declarar y pisos en los que conviven varias familias. Esa lectura, muy difundida, no la respalda ninguna cifra cerrada y convive con otra que la niega de plano. Lo que sí dejan claro las posturas es que el debate está enconado y varios tramos han derivado hacia el insulto abierto.
Como colofón, se llega a proponer una suerte de tratamiento médico, con vacuna incluida, para algo que en rigor no es un diagnóstico. Y un contrapunto que descoloca: si España necesitó colonos suizos para repoblarse, como recuerda una de las voces, cualquier jerarquía cerrada sobre quién está de más o de menos se sostiene mal. Sobre cuánto hay de mito y cuánto de cálculo económico en el hispanismo, nadie ha pasado las cuentas en limpio.