Qué consejo darías a Franco en 1974: la ucronía que divide a los historiadores
El 20 de noviembre de 1975 Franco moría en la cama. Un año antes, en 1974, el dictador aún gobernaba, pero su salud flaqueaba y el futuro de España pendía de un hilo. Una discusión reciente ha planteado un ejercicio de historia-ficción: si pudieras sentarte a pescar truchas con el Caudillo en aquel año, ¿qué le dirías? Las respuestas revelan dos grandes corrientes de pensamiento: los que intentarían evitar la Transición tal como ocurrió y los que directamente le negarían el saludo.
El Sáhara, la asignatura pendiente
Entre los que aceptarían la invitación, hay un asunto que se repite: el Sáhara Occidental. En 1974, España aún administraba el territorio, pero la presión de Marruecos era creciente. Algunos le sugerirían a Franco que militarice la zona y plante cara a Hassan II, cuya Marcha Verde (1975) acabaría forzando la retirada española. “España tenía todos los medios para defender el territorio, debilitar a Marruecos y hacer temblar su monarquía”, se argumenta. La idea de fondo es que una defensa firme habría cambiado el equilibrio regional y evitado el conflicto actual.
Otros, sin embargo, consideran que mantener colonias era inviable. El paralelismo con Francia y Argelia es recurrente: Francia tuvo que evacuar a un millón de colonos. En el Sáhara, las opciones eran un referéndum (que ganaría el Frente Polisario) o la cesión a Marruecos. “Mantener el territorio es una gilipollez”, resumen algunos, apostando por una descolonización pactada con acuerdos comerciales.
El relevo y el fantasma de la federalización
Otro gran bloque de consejos mira a la sucesión. Franco había designado a Juan Carlos como sucesor, pero no estaba claro que este fuera a mantener el régimen. Aquí hay dos variantes: unos le pedirían que retirara a Juan Carlos y pusiera en su lugar al Duque de Cádiz o que nombrara un gobierno fuerte que evitara la “deriva autonómica”. La crítica más recurrente es que la Constitución de 1978 no prohibió explícitamente la federalización o las “taifas”. “Que dimita el 31-12-1969 y ceda el poder a Juan Carlos el 1-1-1970, convocando elecciones sin PSOE ni partidos terroristas”, propone una línea, que busca una Transición tutelada por el propio Franco.
En el extremo opuesto, hay quien directamente no le diría nada: “Ya estaba gaga y no pintaba nada”, o incluso quien iría armado con la intención de ajustar cuentas. El debate revela que la figura de Franco sigue generando posiciones irreconciliables, desde la nostalgia del orden a la condena sin paliativos.
La bomba y la geopolítica
Algunos participantes introducen un factor menos conocido: el proyecto nuclear español. En los años 60 y 70, España intentó desarrollar un programa nuclear con fines militares (Proyecto Islero). Se sugiere que Franco debería haber acelerado la bomba atómica para ganar influencia frente a Estados Unidos y Francia. “Dejar de jugar con los yanquis e hiciera la puta bomba ya”, se lee, aunque este no era un camino fácil: la presión internacional y la dependencia tecnológica lo hacían inviable.
Una herencia no resuelta
El ejercicio de ucronía no es solo un pasatiempo. Detrás de cada consejo late una crítica a la Transición: el Sáhara, el modelo autonómico, la posición de España en el mundo. Cincuenta años después, las heridas de la dictadura y sus decisiones siguen abiertas. ¿Habría sido mejor una dictadura que se reformara a sí misma o la ruptura pactada que trajo la democracia? La pregunta, como la pesca con Franco, no tiene respuesta única.