El debate sobre si decir «este país» es un indicador político ha resurgido. ¿Simple variación lingüística o marca de lealtad nacional?
La expresión «este país» se ha convertido en un campo de batalla retórico. Para unos, es una forma neutra de referirse a España sin repetir el nombre; para otros, un deliberado rodeo para evitar pronunciar «España», y por tanto, una concesión al discurso separatista. El matiz no es menor: la elección de palabras delata, según algunos, la posición ideológica de quien habla.
¿Evitar «España» o simple economía del lenguaje?
Quienes defienden el uso de «este país» argumentan que es una expresión coloquial y eficiente, sin carga política. «Es totalmente neutra», sostienen, y añaden que atribuirle intenciones es una sobredimensión del lenguaje cotidiano. En cambio, la postura contraria ve aquí un síntoma: negarse a nombrar explícitamente España —o decir «nuestro país»— sería una forma de distanciamiento, especialmente cuando se combina con otros usos como «Estado» en lugar de «país» o «castellano» en vez de «español».
El contexto importa (y mucho)
El debate no es nuevo: ya en la Transición se asociaba el «este país» con cierta actitud crítica. Pero hoy resurge con fuerza en redes y tertulias. Algunos señalan que la expresión es más frecuente en discursos de izquierdas y entre separatistas, mientras que en la derecha se percibe como una renuncia a la identidad nacional. Otros recuerdan que el lenguaje está vivo y que una misma frase puede significar cosas distintas según quién la pronuncie y en qué tono.
La ironía final: que una expresión tan vaga como «este país» se haya convertido en un test de alineamiento político dice más de la polarización que de la propia frase. Mientras unos la leen como renuncia, otros como simple costumbre. El lenguaje, como casi todo hoy, acaba siendo trinchera.