Amélie: ¿la película más sobrevalorada de la historia?
Amélie ha desatado pasiones encontradas desde su estreno en 2001. Mientras unos la consideran una obra de arte que captura la esencia de un París bohemio ya desaparecido, otros la tachan de cursi, ñoña y artificial. La polémica no se limita a los círculos cinéfilos: el compositor Yann Tiersen renegó de su propia banda sonora por considerarla 'demasiado blanca', y el director descartó una secuela porque el París actual ya no se parece al de la película. ¿Estamos ante un clásico intemporal o ante un ejercicio de corrección política invertida?
El París que ya no existe
La ambientación es el punto más defendido: decorados, vestuario y fotografía crean una postal de la capital francesa que nunca fue real. Ya en el año 2000, Montmartre estaba lleno de graffiti y suciedad, limpiados digitalmente en posproducción. La película es, según sus defensores, un documento histórico de una Francia multicultural y bohemia que la inmigración masiva y la gentrificación han borrado. 'Esa Francia ya no existe... pero debería existir', sentencian algunos. En cambio, otros consideran esa idealización una trampa: un cuento de hadas que oculta la realidad, desde el absurdo de que una camarera pueda pagar un piso en esa zona hasta la ausencia de diversidad real en el reparto.
¿Cine para mujeres o documento histórico?
La acusación de 'cine para mujeres' o 'para rogelios' aparece con frecuencia. La trama, un cuento de hadas naíf con un sex-shop como escenario, es vista por unos como una delicia inocente y por otros como un coñazo insoportable. La ironía alcanza su punto álgido cuando se discute el reparto: mientras el actor Jamel Debbouze, de origen marroquí y de aspecto poco agraciado según algunos, se casó con una de las presentadoras más guapas de Francia, el debate sobre la pareja desvía la atención hacia la validez del sueño romántico que vende la película. 'Si piensas, no hay magia', resumen los escépticos.
El peso de la nostalgia
Lo que subyace es una lucha generacional y cultural. La generación que creció con Amélie en los 2000 ve en ella un refugio contra el cinismo actual, mientras que los más jóvenes o críticos la consideran un producto edulcorado de una época pretérita. El director de fotografía y el compositor han manifestado su incomodidad con el legado racial de la película, pero la respuesta de los fans es unánime: 'make Paris great again'. La pregunta no es si Amélie es buena o mala, sino qué revela nuestra reacción sobre el mundo que hemos perdido o que nunca existió.
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