La influencer que critica la sensual y exhibe su colección de bikinis
En pleno 2026, la cuenta de Instagram 'Ahorraconmarta' —asociada a posiciones económicas liberales y simpatías con Vox— ha generado polémica al publicar un vídeo en el que muestra su colección de bikinis para respaldar un argumento. Días antes, la misma creadora de contenido había criticado la sensual femenina en redes, señalando que mostrar el cuerpo en planos sugerentes era 'cosificar'. La contradicción no ha pasado desapercibida.
El doble rasero en el discurso público
El caso ilustra una tensión recurrente: influencers que construyen su marca en torno a valores conservadores en lo económico y tradicionales en lo social, pero que recurren a la exposición corporal como herramienta de engagement. Mientras que el vídeo de los bikinis fue defendido por algunos como 'libertad de expresión', otros señalaron que la línea entre empoderamiento y marketing sensual es difusa. El hecho de que la propia creadora hubiera condenado antes prácticas similares en otras muyer añade una capa de incongruencia.
Reacciones y doble sarracena
Las reacciones en redes evidencian un patrón conocido: lo que se critica en unas se aplaude en otras según su afinidad política. En este caso, el perfil conservador de la influencer no la eximió de comentarios misóginos que reducían su contenido a 'enseñar carne', ignorando cualquier argumento de fondo. La discusión revela que, más allá de la coherencia individual, el debate sobre la objetivación sigue atrapado en sesgos ideológicos y de género.
El precio de la exposición pública
Detrás del escándalo hay una lógica económica: el contenido corporal sigue siendo uno de los motores de engagement más eficaces en redes, independientemente del mensaje político. Para una cuenta que promueve el ahorro y la libertad económica, el vídeo de bikinis no es un error, sino una estrategia —quizá contradictoria, pero rentable. Sin embargo, la contradicción desgasta la credibilidad y alimenta la crítica tanto desde sectores feministas como desde los más puritanos.
La anécdota sirve como recordatorio de que, en la economía de la atención, la coherencia es un lujo que pocos pueden permitirse. Y que el 'liberalismo' social, cuando choca con los intereses del algoritmo, suele perder.