Una mujer pierde 170.000 euros creyendo que chateaba con Brad Pitt
Una mujer transfirió
170.000 euros a quien creía que era Brad Pitt. No fue un calentón de una tarde ni un pago a una web rara: el estafador construyó un club de fans ficticio, una escalera de contactos y un relato lo bastante sólido para que la víctima acabara convencida de mantener algo con el actor. La historia es tan gruesa que más de uno la dio por falsa nada más leerla. Y, sin embargo, lo llamativo no es que alguien picara. Lo llamativo es cómo se montó.
Cómo se construye una estafa de 170.000 euros
El relato publicado del caso describe una puesta en escena por entregas. Primero, un club de fans inventado. Después, la posibilidad de que la seguidora fuera escalando posiciones dentro de ese club hasta «hablar» con el propio personaje. Al principio, el contacto era casual; luego fue a más.
Y colaboró. La víctima no recibió un mensaje de la nada: sintió que había ganado el acceso.
Ese es el detalle que separa esta estafa de un correo basura. No se trata de que alguien suplante a una estrella y pida dinero a la primera. Se trata de fabricar un contexto en el que la petición llegue cuando la relación ya parece real. El abogado de la afectada lo resumió en televisión con una frase que se repitió bastante: «la estafa ha sido muy elaborada».
¿Por qué cae alguien en una estafa tan inverosímil?
Porque el anzuelo no es la verosimilitud, es la repetición. Quien ha recibido estos mensajes lo cuenta igual: un supuesto Keanu Reeves por privado, un supuesto militar de alta graduación estadounidense, textos calcados enviados a miles de personas. La mayoría los bloquea de inmediato. El modelo solo necesita que unas pocas contesten y sigan la conversación.
Sobre esa base aparecen dos lecturas incompatibles. Hay quien sostiene que existe un perfil de persona convencida de merecer cualquier cosa, y que pica por vanidad. La réplica es que cualquiera puede caer cuando la operación está bien montada y el estafador invierte semanas en ganarse la confianza.
Cuando a un hombre le vacían la cuenta, añade esta segunda corriente, se dice que fue tonto y punto; cuando le pasa a una mujer, se la trata como víctima y se le abre la puerta a todo tipo de ayuda. El desacuerdo va de eso, no del actor.
Del primer ministro belga al astronauta japonés
No es un caso aislado ni mucho menos nuevo. Se recuerdan al menos dos precedentes sonados. En Bélgica, una mujer fue estafada por alguien que se hacía pasar por el primer ministro del país y que, según el relato que se difundió, iba a reformarse gracias a ella. Le sacó todos sus ahorros.
Hace unos meses, otra mujer, en Japón, cayó en una historia todavía más difícil de tragar: un supuesto astronauta de la Estación Espacial Internacional necesitaba dinero para que la nave aterrizara cerca de su casa. Pagó. El viejo timo del príncipe nigeriano, ese que lleva décadas circulando por correo, resulta casi sobrio al lado de guiones así.
El dinero que rara vez vuelve
Hay un detalle que se repite en el hilo y que un forero da por seguro: recuperar el dinero es la excepción. La mecánica habitual, según ese relato, consiste en mover los fondos por varias sociedades hasta que se pierde el rastro. Si al final se detiene a alguien, y eso ya es un gran si, lo más probable es que no quede un euro que devolver.
Víctima o responsable: el caso de la familia que hipotecó dos veces
El asunto se calienta cuando se cuenta de cerca. Una experiencia familiar recogida en la conversación lo ilustra sin adornos: una persona mayor pidió un préstamo a un prestamista, la cosa se descontroló y la familia acabó hipotecando la casa para pagar, con un hermano pagando de nuevo la vivienda de su madre y otro cabreado por la herencia que se esfumó. Ahí no hubo ningún actor de Hollywood. El resultado fue el mismo.
De ahí salen las dos posturas de siempre. Una sostiene que estas estafas funcionan porque explotan a quien vive en una realidad paralela, convencido de merecer un superhombre o una supermodelo. La otra responde que la culpa es de quien engaña, que la humillación pública de la víctima sobra y que denunciar en estos casos cuesta más que el propio dinero perdido.
El dato que descoloca
Entre los casos citados aparecen dos cifras que se complementan: los
170.000 euros de la mujer estafada y los 80.000 de otra mujer estafada en un caso parecido. Sumadas, dos personas han entregado un cuarto de millón de euros a desconocidos que prometían ser famosos.
El dato que descoloca no es que alguien creyera hablar con Brad Pitt. Es que, a 170.000 euros por acierto y con un guion que solo exige paciencia, la estafa sigue saliendo rentable aunque falle miles de veces.